Los caminos de Chiapas

Chiapas es un mundo donde caben muchos mundos y donde cada día significa la posibilidad de un nuevo comienzo

jueves, agosto 24, 2006

De cuando la República traicionó a los indígenas







Don Luis H. Alvarez, senador en ese tiempo (noviembre de 1996) y presidente de la COCOPA, nos convocó a los miembros de la comisión legislativa a reunirnos en San Cristóbal de las Casas. Llegamos todos: Heberto Castillo, Pablo Salazar, Juan Guerra, César Chávez, Pepe Narro, Rodolfo Elizondo, Juan Roque, Óscar López Velarde, Marco Michel, Oscar González, Benigno Aladro, excepto Fernando Pérez Noriega, quien andaba fuera del país, y nos encontramos en el hotel Flamboyant.

La COCOPA tenía casi dos años de existencia y enfrentaba toda clase de situaciones y provocaciones contrarias al espíritu de la paz en Chiapas.

La discusión fue intensa, pero fructífera. Las conversaciones entre el EZLN y el gobierno federal se efectuaban al amparo de la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas, que contaba con el respaldo de las instituciones de la república, cámaras legislativas, poder ejecutivo, partidos políticos, organizaciones sociales, sociedad civil y ciudadanos.

El proceso de paz y negociación no era un acto de buena voluntad ni una ocurrencia, sino una acción ciento por ciento republicana.

La agenda de diálogo acordada entre el gobierno federal y el EZLN se organizó por temas de interés común a través de un procedimiento de consultas mutuas, así como un método de trabajo que permitiera que cada acuerdo tuviera la legitimidad que reclamaban los actores involucrados en el conflicto.

El primer tema a discutir fue Derechos y Cultura Indígenas, después seguirían: Democracia y Justicia, Bienestar y Desarrollo, Los derechos de la Mujer, La Reconciliación en Chiapas y El Acuerdo Final de Paz.

El tema Derechos y Cultura Indígenas se discutió de octubre de 1995 a febrero de 1996, mes en el que el gobierno federal y el EZLN firmaron lo acordado. Contrariamente a la buena disposición mostrada durante la negociación del primer tema, en la discusión sobre Democracia y Justicia la delegación gubernamental enmudeció, se mostró insolente y arrogante, revelando una actitud impropia, por lo que el diálogo se convirtió en monólogo; en la mesa de negociación había dos partes, pero el gobierno no hablaba.

Mientras esto sucedía, los partidos negociaban con el entonces secretario de Gobernación, Emilio Chuayfett, una reforma electoral que no incluía el tema indígena.

Por la vía de los hechos, el diálogo entró en crisis, producto de la actitud del gobierno y las dirigencias partidarias. Al término formal de las sesiones de trabajo sobre ese tema, con justa razón el EZLN declaró suspendido el diálogo en tanto el gobierno federal no modificara su actitud y cumpliera lo pactado en el tema Derechos y Cultura Indígenas.

En este contexto, los miembros de la COCOPA nos reunimos, y después de una intensa valoración de argumentos a favor y en contra, por unanimidad decidimos elaborar una iniciativa de modificaciones constitucionales sobre la base del respeto puntual y escrupuloso del texto pactado entre gobierno y EZLN en materia de Derechos y Culturas Indígenas. El acuerdo logrado en la COCOPA condicionaba la elaboración de la iniciativa de ley a que gobierno y EZLN asumieran el compromiso de que la misma sería el documento que se enviaría la Congreso de la Unión para su discusión y aprobación.

Desde el salón de trabajo del Flamboyant, don Luis H. Alvarez y Heberto Castillo, ante todos los miembros de la COCOPA, llamaron al subcomandante Marcos y a Chuayfett para darles a conocer nuestra propuesta y su aprobación o no al acuerdo de la comisión legislativa.

Ambos representantes de la partes en conflicto dieron su consentimiento y nos dimos a la tarea de elaborar la denominada ley COCOPA, cuyo contenido es una traducción literal de lo que se conoce como acuerdos de San Andrés en materia de Derechos y Cultura Indígenas.

Concluida la iniciativa de ley, enviamos simultáneamente una copia del texto a la comandancia zapatista y otra, vía fax, al gobierno federal.

La respuesta del EZLN fue de aceptación, a pesar de "que tiene algunas lagunas consideramos que hay un avance importante"; incluso Marcos fue mas allá y dijo: "si siguen las señales por buen camino, lo más seguro es que la paz se firme en el primer trimestre de 1997" (La Jornada, 3/12/96). ¡Te imaginas vos, la paz a la vuelta de la esquina!

Sin embargo, la paz que tanto anhelábamos los mexicanos tenía enemigos: Ernesto Zedillo, su empleado Chuayfett, las dirigencias partidarias y quién sabe cuántos más. Al llegar a la reunión en Gobernación, Chuayfett nos recibió tratando de mostrarse como un constitucionalista, cuestionando la iniciativa de ley y señalando que tenía algunas observaciones de "técnica jurídica".

Poco después, en una reunión que sostuvimos con el presidente Zedillo, éste le enmendó la plana y le aclaró: "Emilio, no es un asunto de técnica jurídica. Tú porque eres del altiplano no eres tan claro como nosotros los del norte. No estoy de acuerdo con la iniciativa y punto". Delante de una subcomisión de la COCOPA, en un ambiente tenso, lo enfrenté: "Usted será el presidente, pero es el responsable de lo acordado en San Andrés". Me respondió con la mirada fija y la quijada rígida: "Si hubiera sabido lo que iba a firmar Bernal, hubiera preferido haberme esperado dos o tres meses para que no firmara lo que firmó". Todavía socarrón le contesté: "Pero el hubiera no existe. La iniciativa contiene literalmente lo que su gobierno firmó con el EZLN". Apretó más la quijada y casi nos corrió de Los Pinos.

Heberto, don Luis, Pepe Narro y Juan Roque, uno a uno expusieron sus argumentos y defendieron con firmeza la iniciativa de ley, pero salimos con rabia, impotencia y el corazón destrozado ante la actitud presidencial. Fue la última vez que la COCOPA se reunió con Zedillo.

Un año después, cuando sobrevino la masacre de Acteal, el presidente se decía condolido. La hipocresía no tiene límites en la salas del poder: tuvo la paz a su alcance y la mandó al carajo. ¿De qué chingaos lloraba?

Al mismo tiempo, la ofensiva propagandística contra la iniciativa de la COCOPA fue tan brutal como mentirosa.

Al terminar esta última reunión de la COCOPA, el presidente Ernesto Zedillo, (diciembre de 1996) se comprometió a responder a las zapatistas con un documento de observaciones a la Iniciativa de Ley en materia de Derechos y Cultura Indígenas.

Pero al estilo de Zedillo, el documento de observaciones no era tal, sino una nueva Iniciativa de Ley que desconocía lo pactado en San Andrés Larráinzar.

Con la estrategia presidencial nos echó montón el mundo, articulistas cercanos a la Presidencia de la República, empresarios y “constitucionalistas” oficiales acusaron a la COCOPA, de pretender “Balcanizar” el País, atentar contra la soberanía nacional; a Pablo Salazar y a mí nos acusaron de haber “traicionado” a Zedillo, dado que en nuestro carácter de priístas deberíamos de haber obedecido ciegamente la línea presidencial.

En plena etapa de presidencial de descalificación de la Iniciativa de Ley Indígena, incluso el maestro Ignacio Burgoa Orihuela, fue parcial al afirmar que “la COCOPA era una comisión que representaba sólo a un grupo de indígenas de Chiapas (sic) y calificó de ignorantes a los que pretendían reformas constitucionales para la Autonomía de los pueblos indios, en virtud de que una reforma que diera autonomía a los pueblos indígena pondría en riesgo la soberanía nacional ya que se convertirían en pequeños estaditos independientes y soberanos”.

La boruca sustituyó la sustancia, pero nadie pudo demostrar ni lo ha podido hacer, que el contenido de la Iniciativa de Ley COCOPA, sea distinto al contenido de lo pactado en San Andrés. Este elemento nunca fue tratado por los articulistas o constitucionalistas aduladores de la Presidencia de la República. Es decir, si existía inconformidad con la Iniciativa de Ley, deberían haber cuestionado al Ejecutivo por haber pactado en los términos que lo hizo. Pero nunca lo hicieron, porque sus posturas eran parte de la estrategia presidencial del desconocimiento en lo hechos de los Acuerdos de San Andrés.

Por otro lado, y con justa razón, el EZLN nos planteó la necesidad de definir nuestra postura ante la posición presidencial y la propia Iniciativa de Ley.

Al interior de la COCOPA, la presión se hizo presente; a los del PAN se les colocó marcaje personal para que no insistieran en seguir apoyando la Iniciativa de ley; en el PRI, a Pablo Salazar y a mí se nos mandaban recomendaciones de la Presidencia y Gobernación para retirarnos del proceso de negociación. Sin ningún argumento, sino sólo porque había “razones de Estado”, el presidente Zedillo y el Subsecretario de Gobernación Arturo Núñez, le pedían ayuda a mis amigos Mario Luis Fuentes (Director del DIF) y Carlos Rojas (Secretario de Desarrollo Social) para que me convencieran de desistir de apoyar la Iniciativa de Ley. Ambos entendieron mis razones y fueron respetuosos de las mismas.

Reconozco que Arturo Núñez guardó una actitud de lealtad absoluta al presidente Zedillo, aunque éste no le correspondió en la misma forma en sus aspiraciones por Tabasco. Más bien lo dejó colgado de la brocha.

Dionisio Pérez Jácome, Coordinador General de Comunicación Social del Gobierno Federal, con un doble discurso presidencial reiteraba la disposición de las autoridades para sumar a los indígenas al desarrollo y reconocer sus derechos, pero eso si “sin vulnerar el marco jurídico hecho para todos los mexicanos”.

No obstante las presiones y dado que las posturas de la COCOPA se definían por consenso, en nuestra respuesta al EZLN no logramos el acuerdo para continuar adelante con el proceso legislativo de la Iniciativa de Ley, pero sí sostuvimos la Iniciativa de Ley como parte sustancial del proceso de negociación, desde el momento en que en el punto número tres del pronunciamiento público de la COCOPA del 4 de Marzo de 1997 precisamos: “La COCOPA con las consideraciones que a continuación se mencionan, sostiene la propuesta de reformas constitucionales en materia indígena de fecha 29 de noviembre de 1996, que es el resultado de un esfuerzo honesto y serio de todos sus miembros para conciliar las diferencias de las partes”.

Después de casi dos meses de toma y daca, quienes sosteníamos una postura en defensa de la Iniciativa, en medio de presiones intensas, habíamos logrado el consenso para impedir sacar del proceso de negociación a la Iniciativa de Ley COCOPA, cuyo referente es y ha sido obligado en la búsqueda de cualquier escenario que permita un desenlace positivo para el proceso de paz.

Aunque nuestra respuesta no fue la que esperaría el EZLN de la COCOPA, y su contestación fue muy severa a la misma, la Iniciativa de Ley, seguía como una de las partes sustantivas de la negociación, ante el desencanto presidencial.

Posteriormente en el año de 1998, el Presidente Zedillo, turnó una Iniciativa de Ley Indígena al Congreso de la Unión, la cuál no tenía nada que ver con los Acuerdos de San Andrés; dicho acto sólo buscó crear un clima de distracción pública, porque detrás de la misma turnó la Iniciativa de Ley del Rescate Bancario, que ha hipotecado el futuro de varias generaciones de mexicanos.

De esta manera, de nueva cuenta por “razones de Estado” el gobierno utilizaba y manipulaba el tema indígena como bola de humo, para imponer una de las leyes (IPAB) más leoninas y draconianas que recuerde el país.

Ya una vez terminado su sexenio, el presidente Zedillo defensor del “marco jurídico hecho para todos los mexicanos”, se alquilaba como empleado de una de las empresas ferrocarrileras trasnacionales beneficiadas con las privatizaciones producidas durante su mandato.

En la campaña presidencial del año 2000, “los Acuerdos de San Andrés” se convirtieron en uno de los temas principales. El candidato Vicente Fox, se comprometió a cumplirlos.

Ya como presidente de la República, en un acto propagandístico, sin trabajo de operación política ni construcción de acuerdos con las diferentes fuerzas políticas, el mandatario turnó la Iniciativa de Ley en Materia de Derechos y Cultura Indígena elaborada por la COCOPA, al Senado de la República, acompañándola de una intensa campaña publicitaria.

De nueva cuenta, como diputado federal del PRI, me designó el grupo parlamentario como su representante ante la COCOPA. De la primera Comisión no había ni vestigios. Demetrio Sodi, como “representante” del PRD en la COCOPA, era una cosa espantosa, sus intervenciones “lúcidas”, giraban en torno a defender a Diego Fernández de Cevallos y en alabar la “bondad presidencial”. ¡Heberto, cuánta falta nos hiciste!

Como pudimos, Rutilio Escandón y Emilio Ulloa del PRD, José Narro del PT y yo, realizamos las acciones a nuestro alcance para enfrentar lo que vislumbrábamos como una acción mediática y traidora de parte de las fuerzas de la derecha enquistadas en los tres partidos más grandes del país.

El ex Secretario de Gobernación Santiago Creel, ya apuntaba desde entonces a ser lo que es, puro bla, bla. Nunca reunió a los coordinadores de los grupos parlamentarios y mucho menos a la COCOPA, para diseñar una ruta de trabajo con el propósito de desahogar tan importante tema. Sólo conferencias de prensa con la voz impostada y haciendo alardes de muchacho chicho, deslindándose siempre del resultado legislativo. En su “brillante estrategia de dar atole con el dedo”, el “bueno de la película” sería el gobierno federal y los “malos”, los muchachos del Congreso, para lo cual Diego Fernández se prestó con mucho gusto y se llevó al baile incluso a los senadores del PRD.

Casi en paralelo a la presentación de la Iniciativa de Ley Indígena por parte del ejecutivo federal, el EZLN realizó una exitosa caravana del sur al centro del país. Las movilizaciones en torno al zapatismo y a la causa indígena fueron enormes y vibrantes. Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Tlaxcala, Michoacán, Querétaro, Guerrero, Puebla y Tabasco vieron pasar la caravana zapatista, en medio de grandes muestras de apoyo y solidaridad.

La movilización social generó grandes expectativas en torno al gran pendiente indígena. Por la calidad y cantidad de apoyos hacia los zapatistas, parecería que el Congreso de la Unión sabría leer lo que de él esperaban los pueblos indígenas del país.

A su llegada al Distrito federal, se concretó una reunión entre la COCOPA y el EZLN en la Escuela de Antropología. Los nuevos miembros de la Comisión Legislativa, acostumbrados a “recibir línea” de sus líderes parlamentarios, aceptaron llevar una propuesta “cuentachiles” para el establecimiento de un formato de diálogo entre el Congreso de la Unión y el EZLN; casi se le proponía a los zapatistas, “verse en lo oscurito” y no de frente a la Nación.

La respuesta del EZLN fue enérgica y demandó hacer uso de la tribuna del Congreso de la Unión para aportar sus argumentos en relación con la propuesta de Ley en materia de Derechos y Cultura Indígena. Ante dicha petición, la derecha mexicana se mostró horrorizada y se preguntaba en voz alta, “¿Cómo es posible que indios desarrapados quieran hablar en la más alta tribuna de la Nación?”.

El debate en el Congreso de la Unión fue intenso, las derechas del PAN y del PRI, mandaron sus “expertos juristas” para impedirle a los indígenas su pretensión. Pero lo que estaba discutiéndose no era un hecho cuya interpretación fuera de carácter jurídico, lo esencial y el fondo de este debate era si el actual sistema político incluía o no a todos los mexicanos.

Esta cuestión, que taladra a los más conspicuos personajes de la política mexicana, intentó ser detenida infructuosamente por la derecha parlamentaria. Por 10 votos, ganamos en la Cámara de Diputados la votación para que los indígenas hicieran uso de la tribuna del Congreso de la Unión.

La maniobra del ejecutivo federal estaba clara, él mandaba la iniciativa de Ley Indígena, pero los legisladores de su partido se oponían a cualquier acción en favor de ella, y aunque perdieron esta votación en la Cámara de Diputados, en la Cámara de Senadores se fraguó el Dictamen sobre la Ley Indígena, el cual tiró al cesto de la basura todo el esfuerzo y trabajo de años de funcionarios del propio gobierno, del propio Congreso de la Unión, del EZLN y de grandes núcleos de la Sociedad Civil.

La ley aprobada no tiene nada que ver con el proceso de negociación, ni con el contenido de lo esencial de los Acuerdos de San Andrés.

No fue aceptada ni por los zapatistas, ni por ningún pueblo indígena. Como aportación para la paz, no sólo es una traición sino un fracaso.

En febrero del 2002, un grupo de 160 legisladores de todos los partidos políticos, acompañados de núcleos indígenas de diferentes partes del país y miembros de la sociedad civil, volvimos a presentar la Iniciativa de Ley de la COCOPA ante la Cámara de Diputados, la cuál hasta hoy sigue vigente, esperando que algún día las instituciones honren su palabra y recuperen la actitud republicana que nunca debieron perder.

Eso será posible cuando la mayoría de los mexicanos decidamos tomar el rumbo del país en nuestras manos, momento que ojalá no esté muy lejano.




viernes, agosto 18, 2006

COCOPA: Una Alternativa Legislativa

















Lorenzo Leon Diez

El trabajo político y periodístico de Jaime Martínez Veloz es fundador –junto con grupo de legisladores, entre los que están Heberto Castillo y Luis H. Álvarez- de una experiencia “inédita”1 en la historia reciente de la política en México. La guerra declarada al Gobierno Federal por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional el 1 de enero de 1994 propició que, casi un año después, (20 de diciembre) se creara un organismo que nos asomó a lo que puede ser una nueva forma de hacer política y que hizo que el Congreso de la Unión encauzara y condujera la negociación entre el gobierno y el EZLN. Los trabajos de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) no tienen antecedente en un país en el que tradicionalmente se ha dado una relación de subordinación del poder legislativo al Ejecutivo.

Este modelo de representación nacional que fue gestor entre los rebeldes y las instituciones de la República, dio la oportunidad a un conjunto de hombres, de aportar su experiencia, talento e inteligencia (pero sobre todo una voluntad urgente y generosa), para evitar la violencia y el desangramiento entre mexicanos.

Esta Comisión de Concordia y Pacificación escribió un capítulo decisivo en la historia nacional, que todavía no termina. Detuvo en lo posible los enfrentamientos, dialogó con las Partes. Colaboró con la Comisión Nacional de Intermediación (Conai, creada en torno a la figura del obispo Samuel Ruiz) e hizo que se firmaran unos Acuerdos de San Andrés Larráinzar. Con base en ellos, que suscribían la fase de la negociación correspondiente a Cultura y Derechos de los Pueblos Indígenas, elaboró una Iniciativa de Ley en materia de Derechos y Cultura Indígena que recibió el Presidente Ernesto Zedillo los primeros días de diciembre de 1996

Jaime Martínez Veloz, primero como representante del Partido Revolucionario Institucional y después del Partido de la Revolución Democrática en dicha Comisión y como escritor político, nos presenta en esta compilación de artículos su experiencia en la mediación entre sus colegas legisladores, el Presidente de la República y el Subcomandante Marcos, entre otros personajes del conflicto; es, sin duda, uno de los eventos más novedosos en las formas de negociación entre un gobierno y un grupo armado en rebeldía.

La Cocopa ahora ya no es lo que fue. Desde su seno se ha declarado desvitalizada y como “letra muerta” los Acuerdos que logró , por lo que los escritos de Martínez Veloz cobran más pertinencia y actualidad, pues registran la iniciativa autónoma de los diputados con relación a un conflicto que involucra al Ejército Mexicano y a todas las agencias de seguridad nacional; pero sobre todo compromete el rostro histórico del país, que al verse reflejado en este conflicto, reconoce la razón de una lucha que toca los orígenes de nuestra nación.

La zona del conflicto en Chiapas contiene a las comunidades de base zapatistas, donde existe una ocupación militar permanente, que cerca un complejo selvático conocido por la región de Las Cañadas donde están pertrechados cientos de hombres y mujeres tzotziles, tzeltales, choles, mames, tojolabales y zoques, que son las etnias identificadas con el EZLN, cuyo jefe estratégico e ideológico es un hombre blanco, enmascarado, que ha signado con sus palabras y escritura el fin y comienzo del siglo, no sólo en México, sino en el mundo.

La palabra política de Jaime Martínez Veloz es al mismo tiempo palabra histórica, pues se trata de un registro desde el centro de los acontecimientos. No es solamente un periodista sino un protagonista; así, la recopilación de sus artículos ofrece un punto de vista que es, también, una posición legislativa.

Los integrantes de la Cocopa iniciaron su labor avalados por la fuerza republicana del Congreso de la Unión y terminaron su periodo correspondiente a la LVI legislatura, con voces condenatorias. “La Cocopa fue marginada, estigmatizada y reducida, alejándose para todo el sexenio que termina las posibilidades de llegar a un acuerdo de paz”.

Desde el 14 de junio de 1998, Martínez Veloz reveló la herida de muerte de la Cocopa. Fue condenada porque cometió el delito de ser autónoma en sus opiniones y decisiones frente al Ejecutivo.

Al principio, en noviembre de 1995, Martínez Veloz reconocía una exitosa simetría entre el Ejecutivo y el Poder Legislativo en el proceso de pacificación en Chiapas y declaraba que la Cocopa contaba con la confianza del Presidente y las instituciones que conforman el gobierno federal

En octubre de 1996, siendo quizá el momento más fluido de la mediación, Martínez Veloz identifica ideas semejantes del Presidente y el subcomandante Marcos, acerca de la solución definitiva que requiere tener el conflicto.

Reconocía que el gobierno del Presidente Zedillo inició con dos preocupaciones fundamentales: impulsar una reforma democrática de Estado y alcanzar una paz digna en Chiapas.

Sin embargo, de la confianza inicial se pasó a la sospecha y a la condena. En marzo de 1998 el diputado Arturo Núñez Jiménez –coordinador de la bancada priísta- acusó públicamente a tres integrantes de la primera Cocopa, de carecer de técnica jurídica Ya el 16 de febrero de 1997 Marcos había denunciado que se acusaba a los legisladores de “falsos redentores” y a la iniciativa de ley por ellos propuesta, de “pretender la fragmentación de la Nación mexicana”. Desde la Secretaría de Acción Indígena del PRI se dijo que la propuesta de la Cocopa insertaba conceptos “confusos” y trataba de manera “imprecisa y restringida” la participación de los indígenas en la vida política nacional, una postura que contradecía la aprobación (el 6 de enero) de las reformas constitucionales para el reconocimiento de las autonomías de los grupos indígenas en un documento interno de la Secretaría de Asuntos Indígenas del mismo partido.

Actuaron de mala fe, se dijo de ellos. Los legisladores priístas comentaron que sus representantes tomaron decisiones contra los intereses de su partido. A esas voces contestó Martínez Veloz: Precisamente porque pensábamos en dichos intereses nos negamos en muchas ocasiones a acatar instrucciones de burócratas que tienden a creerse los dueños de nuestra organización: desde las oficinas públicas se nos condenaba a los priístas a conocer, aprobar y hasta defender apresuradamente iniciativas que muchas veces atraían sobre nosotros el descrédito.

Reconoce que los Acuerdos de San Andrés no fueron cumplidos por el gobierno. Declara: Un diálogo se basa en la capacidad de negociación y en el cumplimiento de los acuerdos entre las partes. Si los acuerdos no se cumplen la negociación se convierte en una forma de ganar tiempo, de intentar engañar al otro.

Martínez Veloz es, en ese momento, uno de los hombres públicos del régimen más preocupados por la mayor amenaza que enfrenta el EZLN; (del que reconoce que su mayor aportación ha sido recordarnos que un país sin raíces es un país sin futuro): el olvido y la imposibilidad práctica de encontrar una forma organizativa externa y nacional que retome su causa. Esto sin dejar de mantener una actitud crítica ante lo que lleva el culto a los comandantes zapatistas6 y a los propios entusiastas del subcomandante que ha sorteado la tentación de la heroicidad y el martirologio momentáneos, que muchos de sus supuestos “simpatizantes” esperan desde el fondo de sus corazones.

En la Cocopa, Martínez Veloz realiza una activa tarea de divulgador de los puntos de vista partidarios. Escribe artículos, pronuncia discursos, redacta documentos, hace declaraciones a la prensa, tiene contacto con diversos personajes y grupos en esta escena de múltiples actores. Estas son, a manera de serie rápida, sus ideas y sus exhortaciones: Hay que concretar propuestas ante la Permanente para que se incluya el expediente de la Comisión en la agenda. Platicar con el Presidente de la República para que exista menos resistencia. Diseñemos una mecánica de trabajo para lograr la jornada de la movilización nacional. Hablemos con los presidentes de los partidos políticos, con los consejeros ciudadanos La distensión militar es una condición fundamental. Para el PRI el diálogo es el instrumento político para alcanzar los acuerdos fundamentales. Debemos construir las formas, los mecanismos para evitar malas interpretaciones, sobre todo en los medios de comunicación y discutir de frente un método muy ágil que nos permita asistir a las consultas sin tener que utilizar forzosamente los medios de comunicación para esgrimir los argumentos que tiene cada una de las partes.

Un año después de iniciado el conflicto y a casi un mes de haberse creado la Pre-Cocopa, el 15 de enero de 1995 el Secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán, dialoga en la selva Lacandona con el subcomandante Marcos y ambos refrendan su compromiso para llegar a la paz en el estado. Sin embargo, un mes más tarde, intempestivamente, se ordena desde la Presidencia de la República, la aprehensión de Rafael Sebastián Guillén Vicente a quien señala como el Sub Comandante Marcos y 17 miembros del EZLN, en lo que sería conocida como la “traición del 9 de febrero”. Se captura a Javier Elorriaga (Vicente) y Jorge Santiago, del EZLN. El primero había sido correo entre la organización armada, el Secretario de Gobernación Esteban Moctezuma y el Presidente Zedillo.

Es una persecución decidida. El 20 de febrero cerca de 29 unidades, entre tanquetas, jeeps y camiones del Ejército Mexicano toman el campamento del subcomandante Marcos y sustraen todas sus pertenencias. Esto se realiza después de que el Presidente ordena, el 14 de febrero, no continuar persiguiendo a los zapatistas. Finalmente, se avizora una salida. El 22 de febrero el Presidente Zedillo invita al Poder Legislativo a elaborar una Ley para el Dialogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas. Martínez Veloz, declara : El actual marco legal no posibilita la preservación de los derechos y cultura de los pueblos indígenas., por ello el gran valor de la Ley del diálogo ha sido no el proponer una resolución jurídica definitiva, sino el de proporcionar un puente.

La distensión se inicia. El 21 de marzo el comandante de la XXXVI Zona Militar, Ángel Jorge Lasso de la Vega, anunció que el Ejército Mexicano cumplió órdenes de replegarse de la zona del conflicto, donde se concentraban más de 10 mil soldados, como informó, a su vez, el Comandante de la Séptima región Militar, Mario Renán Castillo (abril 21 1996) Martínez Veloz y sus compañeros visitan 30 comunidades de los municipios de Ocosingo, Altamirano y Las Margaritas, para constatar la desocupación y preparar la agenda de fechas de reinicio del dialogo.

Simultáneamente a estos acontecimientos, el 14 de febrero de 1995, el gobernador Eduardo Robledo Rincón, solicita y obtiene licencia para separarse del cargo. El Congreso local nombra a Julio César Ruiz Ferro como gobernador interino.

En esos días la actividad rebelde en la toma de ranchos y los enfrentamientos y persecuciones de las guardias pagadas por los finqueros y ganaderos, llevaron a estos a pedir a la Procuraduría General del estado un permiso oficial para adquirir armas que permitieran defender su patrimonio de las bandas delictivas. No fue autorizado.

El EZLN acusó al Ejército Mexicano de preparar una patrulla de Autodefensa Civil con los indígenas y campesinos militantes del PRI.

La tensión entre el Estado, el poder indígena y la Iglesia afectó a todos. Esta última sufrió un agravio cuando el 22 de junio de 1995, la Secretaria de Gobernación detiene y deporta a los sacerdotes Rodolfo Izal Elorz, Jorge Alberto Barrón Gluten y Loren Leroye Rubee Star, de nacionalidad española, argentina y norteamericana, respectivamente, acusados de realizar “actividades ilícitas y otras no autorizadas a su calidad migratoria”.

Martínez Veloz pide que la Secretaría de Gobernación explique la causa de la deportación de los tres sacerdotes de la Diócesis de San Cristóbal y alerta sobre el clima de tensión que se está creando. Escribe que tratar de resolver problemas políticos por la vía policiaca no es la solución.
El 2 de julio más de 4 mil indígenas choles y tzeltales realizan una marcha acompañados de ministros católicos, para exigir el retorno de los sacerdotes expulsados.

Era esta acción otro viraje, pudo notar MV, en la conducción por parte del Gobierno Federal en el proceso de negociación, y previene que tal circunstancia podría echar por la borda lo construido hasta el momento.

Llama desde la Cocopa, al EZLN a informar sobre su posición ideológica y estratégica. También llama al gobierno para lograr un cambio en el eje táctico de la negociación con el EZLN que hasta ahora se ha mantenido a la cola de la espectacularidad zapatista tan atractiva en tiempos de crisis. El grupo guerrillero tiene la razón histórica y ha sabido enarbolar la suma de reivindicaciones de sus seguidores. Al gobierno combatir las ideas que el EZLN maneja le está resultando bastante caro.

El 17 de abril de 1995 nombra el gobierno a Marco Antonio Bernal Gutiérrez como Coordinador para el Diálogo y Pacificación para Chiapas e inicia, de inmediato, ( 22 de abril) en San Andrés Larráinzar el primer encuentro entre el Gobierno Federal y el EZLN. Para saludar el arribo de los delegados zapatistas, llegan a este poblado seis mil indígenas.

Es una fase con acomodos, también, espectaculares: el 28 de junio sale de la Secretaria de Gobernación Esteban Moctezuma, quien había hablado con Marcos en enero, y se nombra, en su lugar, a Emilio Chauffet Chemor. En la Cocopa se trabaja a todo vapor o se avanza a toda vela. En un periodo de once meses se realizan siete Encuentros de San Andrés Larráinzar, dos fases de una Mesa de Derechos y Cultura Indígena, un Foro Especial de Derechos Indígenas y una Primera Plenaria Resolutiva de la Mesa de Trabajo, Derechos y Cultura Indígenas. Además se realiza la Consulta Nacional por la Paz, impulsada por el EZLN con la participación de un millón 200 mil personas. Este ciclo que inició el 22 de abril de 1995, con el primer encuentro, concluye el 16 de febrero de 1996 con la firma de los Acuerdos de San Andrés.

No fue un periodo todo el tiempo fluido. El 23 de octubre de 1995 un acto del gobierno amenaza el proceso de negociación, pues la Procuraduría General de la República anuncia la detención de Fernando Yañez Muñoz, comandante zapatista “Germán”. El senador Heberto Castillo amenazó salirse de la Cocopa por considerar “una canallada” esa aprehensión.

Son actos que, junto con otros, propician un clima de tensión social y que reflejan la violencia, incidiendo también, negativamente, en ella. El 18 de septiembre de ese año muere asesinado Antelmo Robledo Robledo, candidato del PRD a la alcaldía de Albino Corzo, meses después un enfrentamiento en el poblado de Nicolás Ruiz, entre policías estatales y campesinos, que mantenían en su poder la finca El Gran Poder, arrojó cinco muertos y más de 20 heridos. El tono de los gobernantes no podía ser más claro: “La administración estatal continuará con los desalojos de ranchos para restablecer el estado de derecho, además de desarticular a todos los grupos armados que operen fuera de la ley, con capucha o sin capucha”, declaró el Secretario General de Gobierno Eraclio Zepeda, escritor y poeta, también, como Marcos y otros dos de los personajes del conflicto, Oscar Oliva y Juan Bañuelos, de la Conai.

En junio de 1996 finqueros y ganaderos integran un Frente Privado contra la Delincuencia y uno de sus líderes asegura que los productores abandonaron unos 500 ranchos en la región norte.
El 20 de agosto , en el municipio de Venustiano Carranza, un enfrentamiento a balazos entre comuneros del PRI y el PRD deja un saldo de un muerto y cuatro heridos.

Martínez Veloz alerta: Los desalojos y enfrentamientos han provocado tensiones en el proceso de paz, por lo que la negociación está al filo de la navaja. No se pueden justificar estos hechos violentos bajo el argumento de que no entra en la esfera de responsabilidades del Gobierno Federal o a que no se puede detener el camino de la justicia, en el caso de los desalojos.

Durante 1996 no cesa de definir un rumbo, repetir que la Cocopa es una instancia del Congreso de la República no un organismo que dependa de la delegación gubernamental. Una y otra vez llama la atención: el diálogo está en peligro. Y no deja de defender lo acordado: El compromiso asumido tanto por el Gobierno Federal como por el EZLN en la mesa de diálogo de San Andrés, implicaba en lo fundamental construir un nuevo pacto social que modificase de raíz las relaciones que en la actualidad existen entre el Estado mexicano y los pueblos indígenas. Y también insiste en reconocer que hasta el momento el proceso de dialogo se ha salvado porque tanto el Presidente Zedillo como el subcomandante Marcos han dado amplias muestras de voluntad de dialogo y disposición para lograr la paz. Martínez Veloz manifiesta la conciencia de la Cocopa de representar el único puente para evitar la ruptura entre las partes en conflicto y por eso hay que protegerla. La Cocopa -dice- siempre llega a acuerdos por consenso, no hay imposición.

El EZLN denuncia que esa ola de represión arrojaba entre 1995 y abril de 1996, “80 campesinos muertos, más de 2 mil casas destruidas y el robo de varias toneladas de maíz y frijol”.

Martínez Veloz describe esa situación: Hay grupos de presión y poder en el gobierno empeñados en bloquear toda posibilidad de pacificación y diálogo con el EZLN. La intención es evitar la paz en Chiapas para que se frenen las transformaciones que el Estado y el sistema político mexicano requieren. Frenar Chiapas es frenar la reforma democrática del Estado. El Gobierno Federal tiene el reto de enfrentar a los grupos que dentro de su seno le apuestan a la inestabilidad y la represión Durante muchos meses se ha hecho un trabajo muy fuerte para llegar hasta donde estamos. Y de la noche a la mañana hay otra lógica, no porque yo esté a favor de las invasiones, sino porque los desalojos causan muertes. Los aparatos de seguridad del país más que estar destinados para detectar grupos políticos de carácter social necesitan ubicar donde están las guardias blancas, los grupos de poder, los que tienen esta capacidad de fuego que están poniendo en entredicho la palabra del Presidente Zedillo para lograr la paz y los cambios.

Estas posiciones coinciden con su elección como Presidente en turno de la Cocopa, el 22 de enero de 1996. Poco antes (el 1 en enero) se había constituido el Frente Nacional de Liberación Nacional (FNLN), del que el legislador del PRI dice: tiene dos objetivos. El primero mandar un mensaje hacia el exterior y ese mensaje es que la ruta que ha decidido para solucionar el conflicto es la política. El otro mensaje es hacia el interior, es para ir creando las bases y niveles de trabajo interno que permitan explicarle a sus miembros porque esta vía es la mejor y no la armada, y esto no es sencillo cuando durante tanto tiempo se prepararon para las armas.

Luego de la firma de los Acuerdos de San Andrés se realizan dos fases de la Mesa de Trabajo sobre Derechos y Cultura Indígenas (el 16 y 19 de abril de 1996) y una Plenaria sobre Democracia y Justicia (el 5 de marzo) .Las Partes acuerdan en múltiples puntos, entre los más trascendentes están el que el ejército y los cuerpos para velar la seguridad pública no se encuentren sometidos a la voluntad de uno solo de los tres poderes de la Federación, el Ejecutivo; que la renegociación del Tratado de Libre Comercio incorpore una agenda social que incluya demandas y propuestas sobre derechos humanos y trabajo migratorio, protección laboral y medio ambiente; alcanzar un nuevo marco constitucional, pues los derechos sociales consagrados en la Constitución han sido recortados y frustrados por la legislación neoliberal; liberación inmediata de todos los presos políticos, en particular de los zapatistas; se coincide en que la presencia del Ejército Mexicano en las comunidades indígenas es un acto que altera el Estado de Derecho y que hay falta de articulación de los sistemas normativos, el indígena y el sistema positivo mexicano. Se está de acuerdo, asimismo, que el Derecho indígena, al constituir un sistema, cuenta con un criterio de unicidad.

Entonces surge otra crisis causada por la resolución de sentencia de Javier Elorriaga a purgar 13 años de prisión y a Sebastián Elzin, seis. (2 de mayo).

Heberto Castillo ya no amenaza salirse de la Cocopa, sino suspende su participación en ella.

La sentencia a Javier Elorriaga es lamentable y se da en un momento desafortunado. Se corre el riesgo de que el proceso de dialogo que se ha negociado, se pierda después de tanto esfuerzo que ha costado. Esto parece estar más dirigido a complacer a sectores duros que resolver de lleno los problemas.

Sin embargo no comparto la idea de Heberto Castillo de renunciar a la Cocopa. Entiendo su malestar e indignación, la sentencia de los zapatistas demuestra la recurrencia de acciones hostiles hacia la construcción de la paz por parte de grupos duros que sin identificarse actúan. En la Cocopa no habrá ruptura, no habrá desintegración de la comisión, porque tenemos el compromiso de velar por la paz.

La sentencia a los líderes zapatistas provoca diversas acciones de protesta. Tres mil indígenas se postran en un plantón frente a la catedral de San Cristóbal y elementos del EZLN toman una radiodifusora regional para protestar por la sentencia.

Esta situación es superada rápidamente, al revocarse el 6 de junio la sentencia condenatoria a Javier Elorriaga, quien obtiene su libertad, y la modificación de la sentencia a Sebastián Entzin. Unos días atrás (22 de mayo), el Presidente Zedillo al encabezar la reunión de conclusiones de la Consulta Nacional sobre Derechos y Participación Indígena, había dicho que el concepto de autonomía que se propone guarda afinidad con los principios constitucionales que dan origen al municipio libre como unidad política básica del Estado nacional.

Todo está arreglado, por esta vez. El 6 de junio Heberto Castillo regresa a la Cocopa.

De junio de 1996 a septiembre del mismo año se vive un perodo de gran intensidad creativa, de la Cocopa, del zapatismo y del Ejecutivo. Es sin duda un tiempo que enseña la civilidad a la que aspiramos y que, sin embargo, cuando aparece al alcance de la mano, intervienen factores fundamentales, fuerzas que se niegan a vivir en la tolerancia.

El 11 de junio los 40 diputados que integran el Congreso local de Chiapas aprueban la iniciativa de Reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial, en cumplimiento a los compromisos en la Mesa sobre Derechos y Cultura Indígena. Unos días más tarde (30 de junio) el subcomandante Marcos inaugura en San Cristóbal Las Casas el Foro Especial para la Reforma del Estado, ante 30 delegados zapatistas. Participan en él 130 organizaciones y 923 ponentes de 29 estados de la República. En su discurso habla de que el EZLN ha dado los primeros pasos para transformarse en una fuerza política, e invita a la sociedad civil a “abrir una vía política que prescinda del Poder como referente, juez o jurado calificador.” En las conclusiones del Foro, Marcos sostiene “la necesaria reconstrucción de la República a partir de un nuevo pacto social y una nueva Constitución, elaborada por un nuevo Congreso Constituyente”.

El 9 de julio dio inicio la Plenaria Extraordinaria entre las partes. El 16 del mismo mes la Primera Plenaria Resolutiva de la Mesa Democracia y Justicia; el día 27 llegan a la localidad de Oventic cuatro mil asistentes de 41 países al Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo. El 6 de agosto empezó la Segunda Parte de la Plenaria Resolutiva sobre Democracia y Justicia y el 1 de septiembre de 1996, el Presidente Ernesto Zedillo ratifica, en su Segundo Informe de Gobierno, la necesidad de emprender reformas a la Constitución General de la República.

Al día siguiente, el 2 de septiembre, el EZLN suspende su participación en el dialogo de San Andrés denunciando cinco condiciones: Liberación de zapatistas presos y bases de apoyo detenidas, interlocutor gubernamental con capacidad de negociación, voluntad política y de respeto a la delegación zapatista (que se queja en una carta al Presidente de haber sido tratados con desprecio, racismo y prepotencia), instalación de la Comisión de Seguimiento y Verificación y cumplimiento de los acuerdos de la Mesa Derechos y Cultura Indígena, propuestas serias y concretas de acuerdos para la mesa de Democracia y Justicia, desaparición de las guardias blancas o una ley que las reconozca institucionalmente y las uniforme para que no operen impunemente.

Del 11 de octubre al 6 de diciembre de 1996 se vive un periodo de concreciones, que llevan a la Iniciativa de Ley en materia de Derechos y Cultura Indígena. Este último día el Presidente Zedillo solicita al EZLN una prórroga de 15 días para fijar la postura gubernamental sobre la Iniciativa de Ley que cumpliría los Primeros Acuerdos de Paz en materia de Derechos y Cultura indígenas. Es un mensaje “delicado y confidencial” que el Presidente entrega a la Cocopa. Marcos contesta dos días después: “ Adelante, consulte usted. Tiene razón en que las reformas constitucionales en materia indígena son fundamentales y marcarán el futuro de este país”.

En este periodo se realiza la Primera Reunión Tripartita entre el EZLN, Conai y Cocopa (6 de octubre), la Primera fase de los trabajos de la Mesa de Derechos y Cultura Indígenas (23 de octubre), la Segunda fase de la Mesa de Trabajo Derechos y Cultura Indígenas (13 de noviembre), la instalación de la Comisión de Seguimiento y Verificación (7 de noviembre), con la encomienda de garantizar que se cumplan los acuerdos en los tiempos que fijen las Partes para resolver las causas que originaron el conflicto , la Segunda Reunión Tripartita (8 de noviembre) y la Tercera Reunión Tripartita (26 de noviembre) en donde el EZLN entrega a la Cocopa una exposición de motivos e iniciativa de decreto para reformar y modificar los artículos 4,5,6,7,18,20,21,26,41,53,102,115 y 116 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

* * *

Heberto Castillo concluyó sus días aportando su sabiduría y pasión por la paz y la democracia a la Iniciativa de Ley en materia de Derechos y Cultura Indígena, que elaboró junto con sus colegas legisladores. Advirtió sobre los posibles obstáculos para lograr las reformas:” la interpretación de los juristas sobre el concepto de autonomía y el derecho que tienen las etnias sobre su territorio”. Llamó el senador por el PRD a todos, para que “esto no se contraponga al concepto de soberanía nacional, a la integridad territorial de la nación mexicana”7. Cinco meses después Heberto Castillo muere.

El 18 de diciembre da inicio otro periodo en este accidentado proceso: el gobierno hace entrega de la Propuesta Presidencial sobre Reformas Constitucionales en materia de Derechos y Cultura Indígenas. Tres semanas después (11 de enero de 1997) el EZLN la rechaza, pues considera que viola los acuerdos de San Andrés.

Otro ciclo comienza con el nombramiento, el 27 de abril de 1997, de Pedro Joaquín Coldwell como nuevo representante gubernamental para el diálogo de paz de San Andrés Larráinzar. Empieza una especie de “vacío”, como más tarde lo define el senador Pablo Salazar Mendiguchía (23 de julio). Ante la existencia de dos iniciativas, la de la Cocopa, aceptada por el EZLN y rechazada por el gobierno y la del Ejecutivo Federal rechazada por el EZLN. “Estamos viviendo un vacío en la comunicación y vacío en las estrategias”, señaló el senador por el PRI.

Este vacío estalla en el corazón el 22 de diciembre de 1997 con el asesinato masivo de Acteal que -sostiene Martínez Veloz- se había anunciado y el cual no ha sido investigado ni castigado totalmente.

Este es el marco general y sintetizado en que Martínez Veloz publica la mayoría de sus artículos, que son presentados aquí casi cronológicamente.

* * *
Martínez Veloz el 18 de marzo de 1997, días antes de salir de la Cocopa, sostuvo: La Cocopa no puede regresar al seno del Congreso y declarar que ha fracasado. Y preguntó: ¿Desintegrarse sería la mejor contribución de la Cocopa para la paz?

La Cocopa significó una fórmula que desactivó originalmente un reloj explosivo y llamó a la concordia. Y aunque no se logren aún las aspiraciones representadas en su Iniciativa de Ley, sus acciones deben ser justamente valoradas, pues su integración plural y horizontal, su método de trabajo, la objetividad e imparcialidad durante su gestión, sus formas de liderazgo, discusión y consenso, así como su capacidad de convocatoria trazaron directrices hasta ese momento no vistas en el quehacer del Poder Legislativo.

La Cocopa recibió el reconocimiento de todos: Marcos la elogió (21 de junio y 23 de octubre de 1996). La llamó visionaria, dijo haber recibido de sus miembros en todo momento un trato serio y respetuoso, algo muy difícil de encontrar entre los políticos mexicanos. En medio de un sistema político donde la eficiencia es imperdonable y sólo se aplaude la desidia y la estupidez, la Cocopa optó por la inteligencia, esa que provoca envidias y recelos y se aleja de la espectacularidad. Sus miembros han mostrado creatividad, firmeza y decisión. Su inteligencia les ha permitido resolver la complicada ecuación que llevan en su seno

La experiencia de la Cocopa, tanto en sus orígenes como en su situación posterior al rechazo de su Iniciativa de Ley por el Ejecutivo, está en la posibilidad de ser cabalmente sopesada en la perspectiva sexenal, que es la medida donde se significan los logros y fracasos nacionales. Y en un juicio preliminar, Martínez Veloz no puede evitar la ironía: Entre 1994 y 1998 el gobierno federal y estatal canalizaron hacia Chiapas un total de 65 mil millones de pesos en infraestructura de salud, educación, caminos, carreteras, justicia y proyectos productivos. Si se amplia hacia atrás esta contabilidad (o sea desde 1990-1998) tenemos que se han destinado 80 mil millones de pesos a este estado. Entre 1995 y 1997 se erogaron 40 mil millones de pesos. Sin embargo el 50 por ciento de la población, o sea 1.7 millones de personas, sigue siendo la más pobre del país. Con los casi 50 mil pesos por cabeza que se ha invertido en ellos, el gobierno federal y estatal están a un tris de resolver el problema de la pobreza extrema y el conflicto armado.

* * *
Los escritos de Jaime Martínez Veloz están concebidos en el diálogo, la exposición, el debate y la propuesta. Son, de alguna manera, textos activos o militantes, pensados y redactados, a la vez, por un periodista y un político, perfiles que constituyen la personalidad de Martínez Veloz. Son materiales que constan en la eventualidad periodística y .expresan la voluntad que influye en las acciones; unidades que constituyen una posición que Martínez Veloz sostiene, por supuesto, en su escritura pero también en su vida parlamentaria, en su actividad partidaria y, en general, en su vida pública: Chiapas: La Paz Inconclusa es el un reclamo rebelde al proceso de Paz inacabado.

¿Es un orden de las utopías? La política no es el ámbito de la abulia o el ensimismamiento sino de la voluntad para alcanzar objetivos con la acción. Y las palabras son el instrumento más alto y civilizado de esta lucha. Por eso Chiapas: La Paz Inconclusa es un llamado a nuestra vocación de convivir en las diferencias y encontrar, en ello, los valores comunitarios que nos identifican como habitantes de un mismo territorio nacional. Chiapas: La Paz Inconclusa es beneficiarnos del diálogo y el intercambio como colectividad, pero también como individuos. Chiapas: La Paz Inconclusa son escritos concebidos por una conciencia despierta y generosa, análisis y exhortaciones de gran valor reflexivo pero ejecutados con la pasión de quien asume con rigor su oficio político.



La primera reunión de la COCOPA con el EZLN






Enrique Aguilar
La Realidad Chiapas 1 de Octubre de 1995

La primera reunión COCOPA-EZLN, con la CONAI como testigo, se efectuó en una cabaña hecha con tablas, contigua a una bodega en la que se guarda arroz y harina de maíz con la que se mantienen los pobladores de La Realidad, “centro de resistencia zapatista”, como le llamó el subcomandante Marcos.

En el centro había una mesa larga, cuya cabecera fue ocupada por don Samuel Ruiz, Juan Bañuelos y varios asistentes de la CONAI, que portaban identificaciones de color anaranjado. Los comandantes indígenas zapatistas se instalaron en el lado derecho de la mesa, todos encapuchados y uniformados con su camisola café y sus pantalones verdes, más su chuj (mitad gabán y mitad abrigo de lana) de color negro, luego de que los legisladores y parte de su equipo de colaboradores, todos con sus identificaciones verde bandera, lo habían hecho en el lado izquierdo, sobre unas bancas hechas con troncos.

Cuando ya todos estaban sentados, entró el comandante Tacho y les pidió a don Samuel y a Juan Guerra, presidente en turno de la COCOPA que por favor lo acompañaran. Los tres salieron y los integrantes de la COCOPA se quedaron con la emocionada certeza de que por fin iban a tener un encuentro con el personaje clandestino más famoso en el México de los últimos tiempos: el “sup” Marcos.

Lo que don Samuel y el diputado Guerra salieron a testificar fue la entrega que hizo Marcos a doña Rosario Ibarra de sus armas: un R-15 y una pistola automática. “quiero que vean que voy a entrar desarmado a esta reunión, al igual que los demás comandantes del EZ”, les dijo.

Cuando Marcos entró a ese pequeño cuarto, sus “buenas tardes” y el olor a maple del humo de su pipa terminaron de conmover a todos los presentes, que en lo sucesivo no se perdieron ningún detalle ni movimiento de este personaje, que se sentó en un extremo de la mesa, todo vestido de café y con dos cananas sobre el pecho, más dos ristras de cartuchos de escopeta, y sobre su capucha una gorra de color café, con una estrella.

El primero en tomar la palabra fue el comandante David, quien le dio la bienvenida a los de la COCOPA y ceremoniosamente pidió al obispo que señalara cuáles eran los objetivos de ese encuentro. El obispo recordó que esa reunión se había acordado por solicitud de la COCOPA y que se había aceptado al considerar que ya era tiempo de que el EZ y los miembros del Poder Legislativo se hablaran directamente.

En seguida devolvió la palabra a David y éste a Tacho, quien señaló que los zapatistas agradecían que los legisladores se hubieran tomado la molestia de ir hasta La Realidad, y principalmente que lo hubieran hecho por carretera, ya que este era un mejor modo de conocer las condiciones de vida y el medio ambiente en el que se desarrollan las comunidades indígenas de la zona, lo cual no hubiera sucedido de arribar en helicóptero, como en algún momento se planteó, para facilitar que viniera un mayor número de miembros de la COCOPA.

Después de esta bienvenida, Tacho pasó el uso de la palabra a David y éste lo cedió a Marcos.

Lo primero que hizo el subcomandante insurgente fue agradecer nuevamente el desplazamiento de los de la COCOPA hasta ahí y su paciencia para esperar su turno para entrar: “así son las cosas por aquí. Para todo hay ceremonia”.

En seguida el subcomandante señaló que reconocía que él había tenido expresiones duras, de crítica hacia la COCOPA, y que reconocía que en ocasiones se había equivocado,

“pero entiendan ustedes también, que hemos vivido acosados y que cuando llegamos a sentir que formaban parte de quienes nos estaban atacando, así lo dijimos. Ahora tenemos que reconocer que quienes lograron destrabar el diálogo de San Andrés fue la COCOPA, porque percibieron, después de la consulta nacional que organizamos, que el EZLN no se podía quedar fuera de la discusión de los temas nacionales. Eso fue algo que el gobierno no captó, o se empeñó en negar, y que ustedes sí entendieron. Yo estoy convencido de que si fracasan la CONAI y la COCOPA se pierde todo, incluso el país. Ahora tengo que reconocer que ustedes, de un modo que no conozco, lograron que las pláticas salieran del callejón sin salida a que las había llevado la comisión gubernamental. Ya era clara su estrategia. Cada que nos querían poner contra la pared venía un chingadazo a la CONAI, un artículo de Iruegas y una jalada de Bernal”

Agregó el subcomandante Marcos, sin soltar su pipa y ante las miradas de preocupación de varios de los legisladores de la COCOPA:

“Lo que tengo claro es que ustedes no son el gobierno. Lo que quería el EZ, por su parte, era organizar un diálogo con las organizaciones que hasta la fecha no habían sido atendidas por nadie, por ninguna instancia gubernamental. Es mejor que se les escuche antes de que empiecen a echar bombas en los Vips, con el argumento de que ahí es donde van a comer los burgueses. Si el gobierno no los atiende, al rato ya no va a haber con quien hablar. En mi concepto los hechos de violencia recientes habidos en Guerrero e Hidalgo son producto de guerrillas que el gobierno no quiere reconocer”

Finalmente, les pidió analizar la propuesta de diálogo que más tarde les haría llegar, no sin antes reconocer que dos de los integrantes de la COCOPA se habían distinguido por sus declaraciones en favor del trato civilizado hacia los insurgentes del EZLN: Jaime Martínez Veloz y Óscar López Velarde.

Al final, los legisladores solicitaron a la Comandancia General del EZLN permiso para tomar fotos de esa histórica reunión y les fue concedido con gusto.

Posteriormente, a manera de conferencia de prensa, los integrantes de la COCOPA, de la CONAI y del EZLN hablaron en el entarimado e hicieron saber a los pobladores de La Realidad y a los reporteros ahí reunidos los acuerdos a los que habían llegado. Por parte del EZ habló el comandante David, cuyos ojos ya daban muestras de visible cansancio; enseguida, por la CONAI habló el obispo Samuel Ruiz y después habló el senador Heberto Castillo por parte de la COCOPA. Este último hizo énfasis en que los miembros de la COCOPA iban a estar atentos de que no hubiera represalias del ejército o gobierno para con los habitantes de esta población, en la que reapareció públicamente el subcomandante Marcos, como sucedió a los pobladores del vecino poblado de Guadalupe Tepeyac, a tan sólo una hora de camino de La Realidad, al otro lado de una montaña y que fue ocupado por los soldados.

Después de esa conferencia de prensa, Los Fronterizos, grupo musical, se pusieron a tocar unas cuasi cumbias y otras pseudo quebraditas, para goce de los jóvenes y las muchachas de La Realidad que, según dijo el reportero de la agencia Reuters, Manuel Carrillo, “todas tienen bonitas pantorrillas por el mucho caminar”. Claro que todas y todos son talla chica, muy chica, al igual que el comandante Tacho, quien también se lanzó a la pista de baile a darle vuelo a la movida de bote, aunque sin dejar las cananas y su revólver, ya recuperado una vez que salió de la reunión con los de la COCOPA y la CONAI.

Por cierto que fue el propio Tacho quien al filo de la medianoche del domingo se puso a cantar, feo pero con mucho estilo, boleros rancheros que hicieron suspirar y dar gritos a más de uno, ahí bajo el toldo del Nuevo Aguascalientes selvático, para descubrirle al mundo que los actuales insurgentes mexicanos, además de tanatudos, son bien románticos. En ese concierto de Tacho estuvo presente Jaime Martínez Veloz, mientras esperaba que lo recibiera el subcomandante Marcos, con quien finalmente platicó alrededor de las cuatro de la mañana del domingo 1 de octubre, a solas en medio de grandes carcajadas que salían de la cabaña en la que los dos dirigentes sociales se reunieron.

A la mañana siguiente, los diputados de la COCOPA se bañaron o lavaron la cara en el río y desayunaron una gallina, cocida en una cubeta por una de las señoras tojolabales de La Realidad, en donde por desgracia ya se ha perdido la tradición y la habilidad que los antiguos pobladores de estos rumbos sí tenían para hacer sus ollas y sus cazuelas en barro.

El regreso a San Cristóbal fue más penoso, porque se hizo al mediodía y ya para entonces estaba fuerte el calor. Los paisajes más hermosos, pero también más claras las enormes, gigantescas carencias con que viven los indígenas de estos rumbos que, “están queriendo ser redimidos a punta de bayoneta”, como canta el poeta Efraín Bartolomé en su filoso y conmocionante libro: Ocosingo, diario de la guerra y otras voces.

¿Quién detiene la desesperanza?




La Jornada 24 de abril de 1997

Una enorme acumulación de rencores ancestrales y una pobreza en el futuro son una desafortunada combinación de circunstancias. Agreguemos impunidad, racismo y problemas agrarios. Entonces estaremos en la antesala de la guerra.

Finalmente, la vida es una serie de elecciones. Cuando se elige entre la muerte o una vida amenazada, se tiene el marco de la desesperanza. De aquí, sólo basta que un puñado de hombres y mujeres empujados al límite salten al abismo. En nuestro país, ya comenzó una guerra.

Los que se aman siempre se declaran su amor. Las guerras no siempre se declaran. Pero vaya que sí se reconocen. Su caudal de muertos, su inconfundible olor, la presencia de armas y ejércitos, una tensión en el aire, la sorpresa canalla que aguarda a la vuelta del camino, las miradas recelosas que se cruzan, la contabilidad aciaga de los agravios y, sobre todo, la desazón en el calendario y en el alimento ¿Qué pasará mañana?

Cuando en 1994 la guerra llamó a nuestra puerta, salimos a la calle a contener el odio. Marchamos, exigimos y ganamos. Frenamos una guerra. Entonces nos trajeron una guerra de contrabando, silenciosa y canalla, que ha cobrado más vidas de las que se publican, que ha desarraigado a miles y que se pasea por caminos de injusticia y de complicidad.

En el norte de Chiapas hay una guerra que no se reconoce, pero existe. Y lo más lamentable: en una guerra no declarada. ¿Cómo se puede convocar a tregua?

Los partidarios de uno y otro bando cuentan sus muertos en voz alta, señalan culpables y preparan venganzas. ¿Quién tiene la razón? A estas alturas, tal vez ninguno, tal vez todos ellos. Si los cadáveres y odios dan la razón, todos han aportado su siniestra cuota. Todos tienen, por lo menos, un muerto de razón. Si los que buscan resolver problemas están cuerdos, entonces todos estamos locos.

La guerra, como la gripe y la miseria humana, es contagiosa. ¿Quién sabe cuándo empieza el primer disparo, el primer muerto?, ¿quién escribe la primera crónica?, ¿quién toma la primera fotografía y la publica?, ¿qué funcionario da la primera explicación? Tal vez nadie lo sabe ni lo sabrá, pero muchos aportarán su explicación inútil.

Lo importante es, ¿quién la va a detener?, ¿quién va a tender los puentes?, ¿qué bando se negará primero a la venganza?

En toda guerra hay responsabilidades y estas se reparten más allá de las palabras. Los menos culpables son los que más sufren. Esto es un lugar común que, sin embargo es cierto. Los que tienen las manos llenas de sangre aguardan, tranquilos, el resultado de su perversidad.
A estas alturas todavía los diarios nos traen la historia anticuada de las minimizaciones. Es grave si el conflicto existe en todo Chiapas. También es grave aunque exista sólo en algunos municipios, en algunos ejidos, en algunas comunidades. Es grave si le ocurre a un solo hombre y no se hace nada.

Ahí donde eso pasa, la impunidad se enseñorea. La corrupción sonríe y dice: “aquí no pasa nada”. Pero la guerra crece, aunque no se declare.

¿Cuándo se puede hablar de una guerra? ¿Cuándo hay ejércitos enfrentándose?, ¿cuándo se declara? o ¿también se puede hablar de guerra cuando hay muertos de todos los bandos y a nadie se castiga?, ¿cuándo hay hambre y miseria que parecen interminables?, ¿cuándo hay cadáveres mutilados?, ¿cuándo hay niños muertos a balazos? o ¿cuándo una saña inaudita da paso a cualquier otro sentimiento?

Finalmente, no importa saber si la guerra en la zona norte de Chiapas está o no declarada, lo que importa es detener la desesperanza de cientos de miles de indígenas cuya paciencia está llegando al límite.

No vale que la indiferencia de hoy se transforme en sorpresa el día de mañana, cuando nos encontremos con un país desconocido entre las manos.



Una Cena en el Fogón








Tapachula Chiapas 26 de Octubre 2005

El lunes en la mañana quede de verme con un grupo de familias campesinas del Cantón Teofilo Acebo 2, al norte de Tapachula que nos esperaron a la orilla de la carretera, para plantearnos sus problemas, tenían casi doce días incomunicados, porque el camino rápido de conexión a la ciudad, se había colapsado y la vía alterna estaba bloqueado por derrumbes, palos, postes y lodo. En la Pick Up en que viajábamos, llevamos víveres, que los transportaron a su comunidad en 2 yeguas, un caballo y lo que cada uno pudo cargar. Quedamos de vernos al día siguiente con un grupo del ejido 20 de Noviembre, para hacer una brigada de trabajo que arreglara el camino y llevar una dotación adicional de alimentos.

El martes en la mañana, cuando llegamos al lugar de la entrevista la brigada de campesinos del lugar ya estaba trabajando en hacer transitable el camino, al mismo tiempo llegaron varios camiones que conseguimos de piedra y grava para compactar el suelo y permitir el acceso de vehículos a la zona. Platicamos con los miembros de la brigada y entregamos los alimentos que los cruzaron a pie hasta el otro lado de donde componían el camino para que de nuevo en yeguas y caballos los cargaron hacia sus viviendas. El compromiso fue que el miércoles ya estaría el camino arreglado totalmente. De regreso me traje a Tapachula a una señora y su hijito de 9 meses con calentura al hospital civil, donde lo atendieron en urgencias.

El miércoles ya con el camino transitable, en un camión de tres toneladas trasladamos alimentos para instalar una cocina comunitaria para 750 personas en el ejido 20 de Noviembre. Después de casi dos semanas de aislamiento las familias de la zona alta de Tapachula tenían cuando menos una vía para salir y entrar. En la comunidad Teofilo Acebo 2 nos invitaron un rico caldo de gallina de rancho, y aunque no queríamos contribuir a deteriorar su ya de por si maltrecha economía, no nos pudimos negar aceptar tan cariñosa invitación a comer. Aunque el caldo apenas alcanzo para la brigada, nuestro agradecimiento es eterno para los campesinos del lugar.

Después de tan sabroso caldo y su respectiva dotación de agua de avena, recorrimos la parte posterior de Tapachula hasta llegar al lado trasero del Río Coatan, donde varios negocios de venta de automóviles sufrieron graves daños junto a una gasolinera, donde el anuncio de PEMEX, tirado en el suelo y las bombas de gasolina estaban en un estado de deterioro estilo la película de “Mad Max”. Como auto burlándose de la situación, los anuncios de los negocios del lugar, aparecen como parte de la coreografía del lugar. “Se recibe escombro”, “Nos estamos renovando para servirle”, “Una razón mas para no andar a pie”, son algunas de las frases que aparecen en los negocios del lugar. Carros a la orilla de la carretera, destrozados e inservibles por las corrientes de agua, terminan por hacer aparecer el lugar como lo que es; una escena trágica. De regreso se ve el anuncio: Ciudad Hidalgo 39, Talismán 21. Con tristeza abandonamos la zona que huele a putrefacción y basura.

Al día siguiente abastecimos de alimentos en la zona alta de Tapachula ya con camino arreglado, a las comunidades de Cantón Progreso Pumpuapa, Nuevo Centro de Población “Ernesto Che Guevara”, Las Margaritas, Cantón Buenos Aires, Nueva Granada, Fracción 20 de Noviembre, Teotihuacan del Valle.

Al paralelo en la zona urbana aledaña al Coatan dañada por las lluvias, establecimos una cocina comunitaria con quienes vivían en una colonia que un día se llamo “Brisas del Coatan” y otro núcleo de la colonia “Reforma”, ambas construidas temerariamente en el lecho del rió Coatan. En el otro extremo de Tapachula, creamos una brigada de trabajo para limpiar la playa con un grupo de palaperos de “Barra del Cahuacan”, a los cuales el Huracán “Stan”, les ahuyento el turismo, pero no las ganas de salir adelante. Una brigada de 80 “palaperos” limpia la parte de la costa que esta frente a su lugar de trabajo.

En esta labor me acompañaron unos jóvenes de Tapachula en las tareas de control y seguimiento cuyo único propósito era el de apoyar a sus hermanos en desgracia. Su presencia me hacia recordar los primeros tiempos del Programa Solidaridad en Tijuana donde se incorporaron importantes segmentos de jóvenes.

Ayer ya de noche llegamos a instalar una cocina comunitaria a un poblado que se llama “Cantón el Porvenir”. La comunidad nos recibió en forma muy organizada, se bajaron los alimentos en forma ordenada y con un gran entusiasmo de parte de esa población, ubicada en la parte alta y cafetalera de Tapachula. Al final de la descarga nos invitaron a cenar huevo con chile, y a la orilla del fogón, capeaba las tortillas echas a mano por las campesinas, que tanto me calmaron al hambre, como me animaron el espíritu. La alegría de la comunidad fue aportada en forma gratuita por los niños, con quienes compartí un grato muy agradable, entre adivinazas, preguntas de historia, matemáticas y anécdotas deportivas.

Una Hojalata en el Cielo de Chiapas




Tapachula 20 de Octubre del 2005

Llegue al aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez a la 7 de la mañana, me subí en el helicóptero mas chiquito del Gobierno de Chiapas, al que le llaman Colibrí, con media tonelada de alimentos y destino a la sierra de Motozintla, azotada el Huracán Stan. Las propias condiciones de la montaña y los destrozos de las intensas lluvias hacen muy complicado el reparto de alimentos en esta zona.

Después de 25 minutos de vuelo, pasando la meseta de Santo Domingo, a la entrada de la zona montañosa el horizonte se nubla con una mezcla de nubes y bruma, el piloto pide instrucciones y le ordenan que baje en el municipio de Jaltenengo de la Paz; hace el intento pero las condiciones son igual de complicadas, y sin posibilidad de bajar, regresamos a Tuxtla con todo y víveres.

En el hangar me encontré al Secretario del Gobierno y le pedí que si se podía volar me mandara a Tapachula la ciudad más grande afectada por el huracán. Primero intente irme por una línea comercial, pero los vuelos estaban saturados. En eso estaba cuando me informan que hay un lugar en una avioneta Cesna que se dirige a Tapachula. Sin pensarlo pido que me lleven a la ciudad afectada.

Al llegar a la avioneta me di cuenta que nunca había visto un modelo tan viejo. Pero ya ahí, ni modo de decir algo. El piloto, un señor bonachón con una gran barriga, me señalo una agarradera de plástico hechiza y antigua, del lado superior del asiento del copiloto, para que me apoyara al subir, recorrí el asiento lo mas adelante que pude y en el de de atrás se subió un matrimonio tapachulteco. Me encogí lo más que pude, doblando las piernas para no aplastar por un error o descuido, alguno de los botones del enmohecido tablero.

El piloto viejo conocedor de la geografía chiapaneca y experimentado en manejar cacharros voladores, le daba vueltas y vueltas a una especie de manivela ubicada a un lado debajo de su asiento, medio que calibro los medidores del tablero, le pego a uno de ellos cuya aguja que se negaba a marcar y ya cuando se cercioro de todos los pendientes aeronáuticos, puso en marcha el motor, que arranco después de dos intentos. “No pasa nada” dijo satisfecho el piloto.

Con el motor en marcha, el piloto saco la cabeza y empezó a mirar su ubicación con respecto a la pista, agarro un microfonito chafa y lleno de polvo, para pedir permiso de despegar. Volvió a darle vueltas a la manivela, acelero todo lo que pudo y agarro el volante de la avioneta. De inmediato se da uno cuenta que la avionetita es una prolongación de la vida misma de piloto. Le responde como novia enamorada de esas que ya casi no hay.

Con el cielo encapotado, la Cesna subió, viro a la derecha y pasando por Chiapa de Corzo, encontramos la primera capa de nubes que conforme avanzaba hacia nosotros o al revés, el piloto subía la avioneta y pasamos encima de ellas. Entre Tuxtla y Tapachula, se encuentra la Sierra Madre de Chiapas, que de por si es muy alta, pero que en este caso con nubes por encima de la montaña, la avioneta tuvo que subir y subir quien sabe cuantos pies, para estar por encima de la capa de nubes, aunque por encima de nosotros había otra capa de nubes mas altas.

Abajo solo veíamos nubes y en medio de algunos claros se veían poblaciones, las cuales eran mencionadas por el ilustre chofer volador. Ahí esta Pijijiapan y adelantito esta Mapastepec. Por allá esta Acacoyagua y Acapetagua, después esta Escuintla y más allá vamos a pasar por Villa de Comaltitlan, Huixtla, Tuzantan y Huehuetan, en todos esos lado pegaron muy fuerte las lluvias, “la gente ha sufrido mucho” decía.

Cada detalle era aprovechado por nuestro chafirete intergaláctico para platicar y hacer más llevadero el viaje. “Mire arquitecto, esas nubecitas que vienen hacia nosotros parecen pequeñas, son parte de una baja presión, van a mover un poco la avioneta, pero no se apure no pasa nada” y en efecto las pinches nubecitas pasan y movían como papalote nuestro monomotor. Cada vez que podía se llevaba el microfonito a la boca y se ponía a malorear a sus amigos pilotos que volaban a esa hora ¿Donde andas Chilo? Pregunta y Chilo le contesta “Ando en el Suchiate, te recomiendo que cuando bajes en Tapachula, te avientes un sándwich de jamón y queso, porque en otro lugar va a estar difícil que encuentres que comer”, ¡Afirmativo, afirmativo! Contesta el piloto de la chatarra voladora

En un momento del viaje saque mi “Ipod”, o sea una aparatito que al que le caben un chingo de canciones y como buen valedor y pachuco del “Barrio de la Guadalupana”, de Torreón y Tijuano por adopción, escuche “Los Caminos de la Vida” con la Tropa Vallenata y el Triple Concierto para piano, violín y violoncello de Beethoven, surcando los cielos de Chiapas.

Al tiempo que escuchaba la música, pensamientos, emociones y recuerdos se acumulaban en la mente. De antemano se que mi aportación como la de muchos mexicanos en esta tragedia de algo servirá, no se cuanto pero algo haré, estoy seguro. El desastre ha sido peor que el del 98 en magnitud y extensión territorial, lo que significa que los pronósticos, no alcanzan para predecir en medio de un cambio climático que se presenta con nuevos paradigmas y variables antes no contempladas. Abajo hay una tragedia con muertos, damnificados y afectados con nombres y apellidos, donde como siempre los que sacan la peor parte son los pobres.

Ya casi estaba instalado en Tijuana, cuando de nuevo la tragedia o el destino me regresan a Chiapas. Tengo más preguntas que respuestas. Mi pesar por estar lejos de mi familia, sobre todo de mis hijos me lacera el alma. Recuerdos y más recuerdos de todos ellos tengo en mi mente y mi corazón, trabajo para que salgan adelante, aunque cada vez me pueda más su lejanía. Quiero verlos crecer, aprender con ellos, compartir sus preocupaciones, estudios y aspiraciones, aunque en ese momento me encontraba encima de una hojalata voladora. Si la vida me lo impidiera por alguna razón ajena a mi voluntad espero que tengan la capacidad de ser solidarios entre todos y con los demás. No tengo nada material que dejarles, solo lo que soy y he sido. Ojala que puedan ser mejores revolucionarios, artistas, científicos, deportistas o lo que mejor les parezca, pero felices por buscar y luchar por un mundo nuevo.

Bueno pero por ahora no vale la nostalgia, mejor me voy preparando para lo que viene, cruzando la cordillera de montañas, entre las nubes divisamos nuestro destino. “Póngase atento, hay bastante trafico de helicópteros en la zona” le avisan desde la torre de control y a su estilo el piloto empieza hacer los preparativos para el descenso, suelta el volante por un rato, toma una pluma para anotar en una libreta, le ayudo y le digo usted dígame que apunto, pero no suelte el volante. “no se apure mi arqui, no pasa nada” dice socarrón. De buena manera acepta y me dicta el número 1093 de un avión de la fuerza armada con el que le piden que se comunique en su frecuencia. La maniobra para aterrizar se ve retrasada por el despegue de una avión, damos una vuelta por el cielo nublado y al fin tomamos la pista y con un estilo singular, el piloto, mete y saca el volante rápidamente pero aterriza en forma impecable en medio de la pista y de inmediato se dirige a la zona de hangares, donde detiene la avioneta. Nos despedimos con un fuerte apretón de manos, me dice “Capitán Orantes a su ordenes mi arqui”, y le contesto “muchas gracias por el raite y a sus ordenes también mi Capi”

Llegamos a Tapachula en medio de un fuerte aguacero, al aeropuerto donde en dos Hércules del Ejercito Mexicano bajaban víveres y medicamento. Tapachula es hermana de Tijuana, son las dos puntas de un mismo hilo, de un mismo país.

Lo más insoportable de toda tragedia es el sufrimiento de los niños. Es ahí donde la impotencia se vuelve rabia. ¿Donde estas Dios? Pregunte al cielo, cuando vi lo que vi en el rió Coatan.



Los Primeros 10 meses de la Cocopa













México DF. Noviembre de 1998

Ahora que se repiten las mentiras y que los hechos, tan cercanos y a la vez tan lejanos, parecen perderse y olvidarse. Ahora que los participantes en aquella primera Cocopa están alejados o guardan silencio y la memoria de los detalles y de los esfuerzos, la de los miedos y los éxitos efímeros, sólo la guardan las víctimas de una guerra que no dice su nombre, presento este documento como aporte a una memoria colectiva que debe ser rescatada, pulida y, sobre todo, preservada.

Estas primeras etapas aquí descritas, son un extracto de una investigación colectiva, realizada por una serie de compañeros de lucha, entre los que destacan Jaime Guerrero Vásquez, Ricardo Silva Ramírez, Claudia Rodríguez, Gabriela Sánchez, Lorenzo León y Enrique Aguilar, todos ellos grandes compañeros de lucha y excelentes profesionales de la investigación social. Detrás de cada acción realizada por quien esto escribe, siempre estuvo presente el consejo camarada de cada uno de ellos.

El primero de enero de 1994 representó un parteaguas para la vida de la Nación. El sorpresivo surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación nacional (EZLN), que coincidió con el inicio del Tratado de Libre Comercio entre nuestro país, Canadá y Estados Unidos de América, llamó poderosamente la atención de la opinión pública nacional e internacional.

Sin temor a equivocarnos, puede afirmarse que el conflicto sacudió la conciencia de los mexicanos y motivó una gran movilización social en pro del establecimiento de una tregua.

Así, intelectuales, académicos, estudiantes, amas de casa, organizaciones sociales y políticas, partidos y ciudadanos en general ganaron las calles en una sola voz y una sola demanda: paz sin derrotados, es decir, paz digna.

La participación del Congreso de la Unión que había sido marginal hasta entonces, se convirtió en pieza fundamental para la búsqueda de la paz. La Legislatura LVI, a través de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa) pasó a convertirse en el más importante interlocutor en la búsqueda de la paz y en el canal por excelencia utilizado por el Gobierno Federal y el EZLN.

Más allá de sus personales historias, los integrantes de la Cocopa lograron desenvolverse en un ámbito a veces muy hostil y ejercieron la autonomía republicana que les garantizan las leyes del país.

Un acercamiento cuidadoso al trabajo realizado descubrirá que nunca favorecieron a ninguna de las Partes, hecho que no pocas veces les granjeó críticas y distanciamientos tanto de parte del Gobierno Federal y del EZLN como de sus respectivos simpatizantes.

La integración plural y horizontal de la Cocopa, su método de trabajo, la objetividad e imparcialidad durante su gestión, sus formas de liderazgo, discusión y consenso, su capacidad de convocatoria nos asomaron a lo que puede ser una nueva forma de hacer política y trazaron directrices hasta ese momento no vistas en el quehacer del Poder Legislativo.

Entiendo que el trabajo de aquella Cocopa caminó sobre senderos inéditos en la historia del país e, incluso y con temeridad, en la del mundo. Si se mide el éxito o fracaso de la instancia legislativa por el hecho de que logró en incontables ocasiones colaborar para allanar diferencias y proponer soluciones de fondo, entonces habremos de decir que logró un éxito indudable. Sus esfuerzos fueron más claros y más contundentes que los de las Partes y otros actores políticos.

Recordemos que la historia reciente de Chiapas es también la historia del país, de nuestras fallas e insuficiencias. Chiapas es el espejo en el que debe mirarse la República. Chiapas, como reza el eslogan, es México.




PRIMERA ETAPA: ACERCAMIENTO
Del 1° de diciembre de 1994 al 5 de febrero de 1995

Esta primera etapa discurre desde la toma de posesión del Presidente Ernesto Zedillo Ponce de León (1º de diciembre de 1994) hasta el discurso que pronunciara el mismo personaje aquel 5 de febrero de 1995.

La característica principal de este lapso fue la búsqueda de la distensión no sólo con los zapatistas sino también con otras fuerzas políticas que habían sido marginadas en el sexenio precedente, como fue el caso del PRD. Más aún, la administración zedillista intentó lograr un pacto de largo plazo entre las principales fuerzas políticas.

Dicho pacto, denominado “Compromisos para un Acuerdo Político Nacional”, fue un interesante y primer acercamiento con el fondo y la forma en que se ha concebido durante todo el sexenio el establecimiento de convenios políticos: apresurados, cupulares y efectistas, más que efectivos.

La realidad tardó menos de 48 horas en abortar este primer esfuerzo, con el entronizamiento de núcleos duros del priísmo que apoyaron al gobernador tabasqueño para que no renunciara.

De forma similar, tanto en el PRD como en el PAN, los esfuerzos por un acercamiento con el Gobierno Federal no fueron bien vistos por grupos importantes de ambos partidos que cuestionaron desde el principio el proceso.

El caso Tabasco les sirvió para echar abajo los “Compromisos para un Acuerdo Político Nacional”. También los partidos de oposición prefirieron “ganar” la coyuntura antes que explorar la posibilidad de establecer acuerdos de largo plazo.

En materia económica, lo más trascendente fue, sin duda, el inicio de una crisis que fue minimizada durante diciembre de 1994 y enero de 1995, aunque ya en este último período era evidente que su magnitud y alcance sería mayor de lo que se había diagnosticado.

Todo esto sirvió como telón de fondo al proceso de acercamiento entre la nueva administración federal y el EZLN, en el que la Legislatura LVI habría de tener un papel protagónico, como nunca antes lo tuvo el Poder Legislativo en la historia reciente del país.

Se puede asegurar que, en varios sentidos, el Presidente de la República y la Legislatura LVI aprendieron juntos y caminaron juntos parte del trecho en el proceso de resolución del conflicto. Desde luego, este aprendizaje común que duraría hasta principios de 1996 no estuvo exento de altibajos.

Tal vez para encontrar el por qué de esto es necesario recordar que aún antes de su toma de posesión, Ernesto Zedillo buscó establecer un canal de comunicación propio con los zapatistas, para lo cual, como se sabría después, intercambió varias cartas con el subcomandante Marcos.

Adicionalmente, en muchas ocasiones declaró públicamente que su opción para resolver el conflicto en Chiapas era la del diálogo y la concertación. Lógicamente, en su toma de posesión y varias veces más en los siguientes días reiteró su postura.

Esto sirvió para extender, por lo menos al principio de su mandato, la tregua que vivía el conflicto. Sin embargo, en este proceso de acercamiento inicial tal vez el problema más grave se vivió cuando se dio la toma de posesión del cuestionado Eduardo Robledo Rincón, a la que asistió el Presidente, y la respuesta zapatista de movilizar varios contingentes detrás de las líneas del cerco y bloquear los caminos, hechos que se dieron en el mes de diciembre.

De cualquier forma, el Presidente se acercó al Congreso de la Unión y a los partidos de oposición para hacer una propuesta de conformación de una comisión plural del legislativo que participara en la resolución del conflicto.

En un principio, tanto los partidos de oposición como el EZLN recelaron de la propuesta presidencial de crear una comisión del Congreso. Los primeros, advertían la posibilidad de ser utilizados para fines poco claros y, el segundo, aseguraba que dicha comisión estaría dominada por el PRI y el gobierno, por lo que su carácter plural se afectaría.

Además, el EZLN hizo saber que estaría dispuesto a restablecer la tregua mediante el cumplimiento de tres condiciones: solución a los conflictos poselectorales de Veracruz, Tabasco y Chiapas; reconocimiento del gobierno en rebeldía de Amado Avendaño; y reconocimiento de la Conai como instancia intermediaria.

Aunque no se cumplieron en su totalidad las condiciones declaradas por el EZLN, el Gobierno Federal sí reconoció a la Conai como instancia intermediaria entre las dos Partes.

Por otra parte, el Gobierno Federal aceptó las observaciones que las fracciones partidarias de oposición hicieron como condición para aceptar la integración de la comisión plural del Congreso de la Unión.

En este punto, fueron fundamentales los esfuerzos de ciertos legisladores por allanar el camino para la integración de dicha comisión: Heberto Castillo y César Chávez, del PRD; Luis H. Álvarez y Rodolfo Elizondo, del PAN; y Pablo Salazar del PRI, entre los principales.

Gracias a estas intervenciones, finalmente se integra la Comisión para el Diálogo y la Mediación por la Paz (CDMP), antecedente directo de la Cocopa. Esta primera Comisión, ya constituida, procede a entablar los primeros contactos con la Conai y el Ejecutivo Federal.

Es entonces cuando se da la Tercera Declaración de La Lacandona que llama a crear el Movimiento de Liberación Nacional encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. A la postre, este intento de aglutinar a amplios sectores sociales simpatizantes del zapatismo se diluiría y, discretamente, desaparecería al igual que la Convención Nacional Democrática (CND) de agosto de 1994.

En gran parte, esto se debió al hecho de que la única fuerza organizada dentro del MLN, el PRD y el propio Cárdenas, tenían intereses distintos a los del Movimiento.

En enero de 1995, por primera vez la CDMP plantea el conflicto de Chiapas dentro de un contexto más amplio y propone situar su solución en el plano de una reforma democrática del Estado.

En efecto, si finalmente el conflicto se había originado por la desigualdad social, el autoritarismo político, la marginación económica y el racismo, toda solución debía pasar, en primer lugar, por modificar las bases mismas de la relación del Estado y la sociedad con los pueblos indígenas.

La propuesta de la PRE-Cocopa, presentada a la Comisión Permanente, logró algunas notas en la prensa para luego dejar el paso a otras noticias más llamativas, pero menos trascendentes. Nuevamente, la coyuntura rebasó una visión de largo plazo.

En ese mismo mes, de manera sorpresiva, la prensa dio cuenta de una reunión sostenida entre el Secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán, y el subcomandante Marcos. Este momento, situado en la segunda quincena del mes, habría de marcar el punto más optimista del período.

Menos de un mes después, el 5 de febrero, con motivo del aniversario de la Constitución el Presidente habría de cambiar su discurso hacia Chiapas y referirse al conflicto como “…una amenaza constante a la vida pública, a la paz y a la justicia.” La semilla del 9 de febrero se había sembrado.


SEGUNDA ETAPA 2: ACOTAMIENTO MILITAR
Del 6 al 14 de febrero de 1995

En cielo sereno cayó un rayo. Eso fue el 9 de febrero de 1995.

Sin duda, esta etapa significó una de las más difíciles por las medidas ordenadas por el Presidente Ernesto Zedillo y cuya instrumentación recayó en la PGR y el Ejército Mexicano. Resultaba evidente que la postura del Gobierno Federal daba un giro sorprendente con relación al EZLN.

Apoyado en la acusación de no tener voluntad de diálogo y estar preparando acciones terroristas, el Gobierno de la República pasó de manifestar reiteradamente que la opción era el diálogo, a un discurso duro acompañado de una serie de medidas que contemplaban la denuncia sobre la identidad del subcomandante Marcos y las órdenes de aprehensión en contra de los dirigentes del EZLN.

El ataque militar tomó desprevenida a la comisión legislativa, que se encontraba en Chiapas buscando comunicación con sectores políticos y sociales del estado. La acción ofensiva trajo la sospecha sobre los legisladores que, desde luego, no sólo la ignoraban sino que tampoco la previeron.

Con esto, no solamente se sorprendió a la sociedad mexicana, sino también a la buena voluntad y los esfuerzos que en ese momento llevaban a cabo los legisladores.

Adicionalmente, la movilización de efectivos polarizó a las fuerzas políticas del país. Por un lado a quienes condenaron acremente la medida, por otro a aquellos que la defendieron.

Este cambio de postura del gobierno mexicano recibió el rechazo mayoritario de la población sobre todo porque no se veía como un paso lógico. Amplios contingentes tomaron las calles nuevamente para exigir que se detuvieran las acciones militares y se buscaran vías pacíficas de solución.

El grito de “Todos somos Marcos” retumbó por el Zócalo de la capital del país y habría de escucharse allende las fronteras.

Aún en esta difícil situación, el EZLN reiteró a través de un comunicado su voluntad por encontrar soluciones pacíficas y, en este contexto, llamó a luchar por detener una posible solución militar.

Muchos se han preguntado qué fue lo que motivó al Presidente Ernesto Zedillo para ordenar una acción de tal naturaleza, contraria al espíritu que hasta entonces había prevalecido y aparentemente a espaldas del que hasta entonces había sido el hombre encargado del acercamiento con el EZLN: Esteban Moctezuma.

La pobreza del armamento encontrado y las pocas personas que fueron arrestadas no justificaban la magnitud de un cambio así. Se ha dicho, en una primera hipótesis, que en realidad la administración zedillista nunca tuvo intenciones de negociar, sino de atraer a los zapatistas a una trampa.

Esta afirmación no resiste un análisis cuidadoso cuando se confronta con muchas acciones y posiciones reales y concretas del Gobierno Federal que nos hablan de una voluntad negociadora.

Una segunda tesis, nos dice que el Ejecutivo Federal fue presionado por sectores derechistas y del Ejército Mexicano que veían en los zapatistas una fuente de inestabilidad política y social que estaba influyendo en la economía.

Lo cierto es que, en retrospectiva, se puede afirmar que la acción del 9 de febrero no buscaba un enfrentamiento definitivo con las fuerzas zapatistas, sino acotar militarmente al EZLN, reforzar la presencia del Ejército y, sobre todo, descabezar al movimiento rebelde por medio de la captura del subcomandante Marcos. En este último punto por lo menos, la acción fracasó.

Cabe señalar que este nuevo clima político y social se dio en un ambiente económico sumamente adverso para el país. El desempleo y la devaluación del peso frente al dólar mantenían a los mercados financieros nerviosos y con poca confianza, a la par que la fuga de capitales y las quiebras de empresas eran un acontecer cotidiano.

En estas fechas se inicia uno de los mayores deterioros en los niveles de vida de las clases mayoritarias y del que, a la fecha, las familias no logran recuperarse cabalmente.

Poco después del 9 de febrero el péndulo volvió a moverse. El Gobierno Federal empezó a buscar una salida política a la acción militar. La salida del gobernador Eduardo Robledo Rincón facilitó este proceso.

Enmedio de este difícil ambiente, tanto político como económico, el país se mantuvo en pie gracias a la participación de la sociedad en su conjunto, que forzó por la vía de la participación a recobrar el rumbo político.

Un papel destacado en este proceso, fue el llevado a cabo por el EZLN y la Comisión Legislativa para el Diálogo y Conciliación.

Por un lado, el EZLN al hacer un pronunciamiento público en el sentido de que no apostaban al enfrentamiento y al evitar iniciar medidas violentas que, de haberse dado, hubieran dificultado aún más la situación que se vivía.

Por otro lado, el papel que jugaron un grupo de legisladores de los diferentes partidos políticos agrupados en la Comisión, fue el punto de arranque para la distensión y el diálogo que más tarde se daría.

La claridad y firmeza con la que la Comisión se pronunció en el sentido de que el camino era el diálogo y el llamado que hizo a las Partes constituiría uno de los puntos centrales de la actuación de dicha instancia a lo largo de los años siguientes.

Puede decirse que este periodo también marca una de las dificultades más serias y que aflorarían en las diferentes etapas del conflicto: la pérdida de la confianza.



TERCERA ETAPA: LEY PARA EL DIALOGO
Del 15 de febrero al 9 de marzo de 1995

En medio de la crisis económica, tres acontecimientos marcaron este período, dos de carácter nacional y uno referente a Chiapas.

En primer lugar, las primeras manifestaciones de los roces y enfrentamientos entre el expresidente Salinas y el Presidente Zedillo. La huelga de hambre de Carlos Salinas, el encarcelamiento de Raúl Salinas por asesinato y las mutuas acusaciones sobre la responsabilidad de la crisis fueron hechos que, de manera insólita, marcaron el fin de la época de la impunidad de los expresidentes y sus familias.

En segundo lugar, un Presidente acosado por la crisis, enfrentado a su antecesor y sin eco en los partidos de oposición, regresa al partido que lo había llevado a la primera posición del país.

Se inicia el fin de la “sana distancia”, que no había soportado la dura prueba de la realidad. Con esto se comprobaría que, sin un proyecto de democratización integral, los buenos deseos no resisten.

En tercer lugar, se da un intenso trabajo encaminado a encontrar una solución jurídica al nueve de febrero, es decir, un marco legal que permitiera los acercamientos con los zapatistas para negociar la paz.

En efecto, ya el 22 de febrero de 1995, el propio Presidente Zedillo parecía buscar una solución política al ataque militar. Se hablaba de una ley de amnistía.

Así, el mandatario reconocía que dicha iniciativa de ley sería: “respetuosa de los principios constitucionales y consecuentemente no podrá atentar contra la defensa de la soberanía de nuestro territorio (...) Deberá ser una ley que establezca un marco jurídico adecuado para facilitar los contactos, emprender el diálogo, fincar negociaciones genuinas, procurar acuerdos, asegurar su seguimiento...”.

Llama la atención que cuando se dio a conocer esta propuesta, las reacciones en torno a dicha iniciativa no eran claras para las diferentes fuerzas políticas del país y, más aún, no se sabía cuál podría ser el sentido de dicha propuesta. La confianza en las intenciones políticas y las habilidades económicas de la nueva Administración Federal había sufrido un serio desgaste.

Podría decirse que la situación en Chiapas estaba en correspondencia con el entorno económico, es decir, se sabía que se pasaba por una grave situación aunque no estaban claros los elementos inmediatos que solucionaran los problemas urgentes.

El sector empresarial parecía no estar dispuesto a respaldar una serie de medidas que, desde su punto de vista, no marcaban un rumbo claro. Incluso, se hablaba de un gabinete inexperto y que debía ser cambiado.

Por ello, el gobierno de Ernesto Zedillo requería de una propuesta de gran magnitud, que convenciera tanto al sector empresarial como al político de que existía voluntad y capacidad para conducir al país.

Fue en este contexto en el que se dieron a conocer diversas medidas en el terreno económico, político y social que trataban de demostrar que se estaba actuando conforme a la ley y buscando el bienestar del país.

Se destacaba que con el Fobaproa se protegía el ahorro de los mexicanos, se evitaba la quiebra de bancos y se daba certeza financiera. En paralelo, se daba la aprehensión de Raúl Salinas de Gortari como una señal de que la justicia y la fuerza de la ley se impondrían.

La propuesta presidencial de amnistía fue trocada, gracias a una serie de complejas negociaciones, en un marco más amplio. En este proceso, la intervención de la comisión legislativa y la Secretaría de Gobernación fue definitiva para la elaboración de la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas.

La iniciativa todavía recibiría varias observaciones, sobre todo del EZLN que saludaba la intención, pero no la forma en que se expresaba en el cuerpo del texto. Finalmente, se elaboró una nueva redacción que atendió las observaciones zapatistas.

El resultado fue un éxito rotundo: la iniciativa de la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas fue aprobada en la Cámara Alta con 115 votos a favor y dos abstenciones y, en la Cámara baja, 424 diputados de todos los partidos dieron un voto afirmativo contra siete que no lo hicieron y dos que se abstuvieron. Este hecho puede ser calificado de histórico.

A menos de un mes del 9 de febrero y menos de dos meses de declarada la crisis económica, el Gobierno Federal parecía dispuesto a enfrentar los problemas en todos los ámbitos de la vida nacional y mostraba otra faceta para resolver el conjunto de situaciones apremiantes.

El papel desempeñado por las Cámaras de Senadores y Diputados fue muy importante en esta etapa, dado que mostraron sensibilidad política para atender un asunto de carácter nacional y unificar criterios para la aprobación de dicha ley.


CUARTA ETAPA: NUEVO ACERCAMIENTO
Del 10 de marzo al 15 de octubre de1995

En retrospectiva es posible afirmar que esta etapa fue, junto con la siguiente, la más fructífera del diálogo no obstante los desacuerdos, las provocaciones y la lentitud con la que se avanzó.

En contraste a lo que sucedía en el marco del proceso de diálogo entre el Gobierno Federal y el EZLN, en el ámbito nacional la crisis se advertía ya en toda su magnitud. Aún no había tocado fondo, pero ya se hablaba de que era la crisis más grave de los tiempos recientes.

En efecto, hasta octubre de ese año se había registrado una inflación mayor al 40% y la tasa de desempleo era la más alta desde 1987. Se perdieron durante esos meses 780 mil puestos de trabajo. Los expertos señalaban que, por primera vez, la economía informal ocupaba más mexicanos que la formal.

La caída del PIB en el segundo semestre se calculaba en 10%, la más grave de los últimos 50 años. Ante este panorama, más de 10 mil millones de dólares habían salido del país entre enero y junio de ese año.

Los bancos zozobraban y el problema del Fobaproa ya se gestaba. Este Fondo daba aportaciones multimillonarias a los bancos con facilidad y sin que se viera claro ninguna mejoría en su situación. Los partidos de oposición cuestionaban el funcionamiento del Fondo y la forma en que habían sido privatizados los bancos.

En el ámbito político, la sana distancia naufragaba ya que, al salir María de los Ángeles Moreno Uriegas de la presidencia del CEN del PRI, enmedio de un fuerte desgaste y cuestionamiento, entraba al relevo Santiago Oñate Laborde, hasta entonces Secretario del Trabajo. Nuevamente el PRI operaba como una secretaría de acción electoral del Presidente de la República, ni siquiera del partido.

De igual manera, se da la salida de Esteban Moctezuma Barragán de la Secretaría de Gobernación. De cierta forma, esto marcó el fin de una época en cuanto a la negociación en Chiapas y el impulso a la reforma del Estado.

En su lugar, llega un político calificado de “experimentado”, Emilio Chuayffet Chemor. Con él se trata de activar, infructuosamente, el malogrado diálogo entre las fuerzas políticas y darle otra dimensión a los asuntos de la política interna.

Poco a poco, Chuayffet Chemor desplegaría toda su habilidad para tratar los temas que ocupaban la atención nacional; poco a poco, tejería una vasta red de negociaciones y, poco a poco, habría de cerrarse todos los caminos. Los nuevos tiempos no admitían los lenguajes y los modos de los políticos “experimentados”.

Al tiempo, Emilio Chuayffet saldría de su puesto de Secretario sin interlocución con el Poder Legislativo ni con los partidos de oposición. El encargado de la política interior, se iría cerrando las puertas de la política. Acteal fue el amargo corolario de las “jugadas maestras” que se instrumentaron desde el Palacio de Bucareli.

Renunciaba Manuel Camacho al PRI y habría de sufrir la persecución del nuevo Secretario de Gobernación y de sus excorreligionarios para quienes el hombre que había aspirado a ser presidente de la República era un político “resentido” y sin importancia.

En el plano puramente político, las elecciones en siete estados, prácticamente con problemas menores, daban constancia de dos hechos: primero de lo avanzado por las instituciones y la sociedad en materia electoral y de defensa del voto; en segundo, de la apertura de la nueva administración por garantizar plena transparencia electoral.

Este último hecho de ninguna manera es menor, sobre todo si se toma en cuenta que durante el régimen salinista prácticamente todos los procesos electorales terminaban en conflictos poselectorales. En este sentido, los dudosos ganadores no pocas veces terminaron depuestos por acuerdos tras bambalinas que la prensa bautizó como "concertacesiones".

A la postre el conflicto postelectoral de Yucatán, que reclamaba el PAN, y el heredado de Tabasco, por parte del PRD se convirtieron en la punta de lanza y la excusa perfecta de los partidos de oposición para no sentarse de manera consistente y duradera a la mesa del diálogo nacional.

De cualquier forma, los resultados electorales señalaban un despunte de los partidos de oposición. De alguna manera, se hacia patente una crisis en el PRI; crisis que posteriormente daría más resultados negativos para este partido.

Comenzaba a vincularse el origen oscuro de los recursos utilizados en la campaña de Madrazo Pintado en Tabasco, con la campaña presidencial. Por primera vez, el candidato que había logrado 17 millones de votos y había llegado a la primera magistratura con una legitimidad que su antecesor no tuvo, era cuestionado en su punto más vulnerable: su legitimidad.

Aguas Blancas, un desconocido paso en una zona perdida del Estado de Guerrero, habría de alcanzar notoriedad mundial como el escenario en el que se da una emboscada y se mata a varios campesinos.

En los días, meses y años que siguieron al hecho, Aguas Blancas regresa como otro símbolo de todo lo que le falta a este país para ser considerado democrático y respetuoso del Estado de Derecho.

Aclarar Aguas Blancas y castigar a los culpables de la masacre se convirtió en una bandera para el EZLN, el PRD y un buen número de organizaciones ciudadanas. A la larga habría de ser el detonador de otra guerrilla: el Ejército Popular Revolucionario.

En el Congreso de la Unión, los partidos de oposición, a coro, habrían de pedir la salida y el castigo para Rubén Figueroa, el gobernador que, según ellos, había planeado la emboscada.
Vergonzosamente, varios diputados priístas habrían de subir a la máxima tribuna de la Nación para defender lo indefendible: el gobierno de Figueroa y acusar a los muertos de ser parte de una organización provocadora.

Después, un video tomado por los atacantes habría de conmocionar al país y al mundo. La permanencia de Figueroa tuvo costos altos para el PRI y el gobierno zedillista.

Desaparece oficialmente el Programa Nacional de Solidaridad. Su principal impulsor, la Sedesol, habría de anunciar una Alianza Nacional para el Bienestar, programa que tuvo una duración efímera y que desapareció sin mayor ruido.

Una serie de desastres naturales, terremotos y huracanes, deja una larga estela de damnificados y muertos. Las autoridades anuncian programas de emergencia enmedio de la desorganización y múltiples acusaciones de corrupción.

Se da intempestivamente el conflicto del gobierno de la ciudad de México con el Sindicato de Ruta 100. Se arresta a los líderes y, entre otras, se les acusa de haber desviado recursos para financiar actividades del EZLN.

Crece la inseguridad pública, el crimen organizado. Se crea el Consejo Nacional de Seguridad Nacional, una nueva intentona del gobierno zedillista. En este punto hay que destacar que si bien la tendencia en el aumento de las actividades del crimen organizado no es nueva, es decir, no es responsabilidad de Zedillo, lo cierto es que es el presidente que ha pagado más caro por ello. Ha pagado, de alguna manera, por todo lo que no se hizo a tiempo.

En cuanto al conflicto, lo más importante en este periodo fue la entrada en vigor de la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas (LDCPDCH) y la instalación de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa).

En respuesta a la Ley para el Diálogo y aun cuando se guardaba algunos resquemores, el EZLN acepta la reanudación del diálogo. Por primera vez, el grupo insurgente hace un reconocimiento al papel que habían tenido los legisladores en la aprobación de la Ley.

Con base en la Ley para el Diálogo, la Cocopa inicia los primeros acercamientos tendentes a concertar un lugar de reunión entre las Partes. El EZLN plantea como posibles sedes del diálogo: la basílica de Guadalupe, la Catedral Metropolitana, la Ciudad Universitaria de la UNAM o el asiento de la ONU en México.

Una vez más, el EZLN demostraba que es una fuerza que trata de ir hacia fuera, es decir, trata de no ser sitiada por lo menos políticamente. Una de las constantes hasta ese momento era que el grupo guerrillero se fortalecía a la luz pública.

Finalmente, después de la intervención de la Cocopa, se recuerda que es ésta la que debe sugerir puntos de encuentro en acuerdo con ambas Partes. Se fija, después de algunos jaloneos, como sede del primer encuentro el poblado de San Miguel.

En este momento y en los siguientes meses, la Cocopa, ya respaldada por la LD, tiene un papel relevante en la superación de la tensión producida por el 9 de febrero. El ambiente en el estado es de distensión, a pesar de la debilidad y falta de legitimidad del gobierno estatal. Inclusive, se da el retorno de algunos grupos de desplazados.

Finalmente, el 9 de abril se da el encuentro de San Miguel. Con el apoyo y la intermediación de la Conai y la Cocopa, ambas Partes firman el Protocolo de Bases para el Diálogo y la Negociación.
La política se impone por sobre la confrontación. El ambiente del encuentro es fuerte, pero en ambas Partes hay el convencimiento de que es necesario llegar cuanto antes a acuerdos políticos que pudieran ser traducibles en cambios legales.

Pocos días después de concluido el encuentro de San Miguel, todavía con el optimismo a cuestas, se da la confirmación en el arresto de Javier Elorriaga y Sebastián Entzín.

Con esta acción, se inicia el ciclo avance-provocación que sería una constante en el trabajo de las instancias de intermediación y coadyuvancia. Con este tipo de eventos que obstaculizaron a cada paso los acuerdos a los que llegaban el Gobierno Federal y el EZLN se comprobaba, además, que el resto de los actores del conflicto comenzaban a tener una mayor fuerza.

Si bien siempre fue claro que la problemática chiapaneca no se circunscribía sólo a al conflicto entre las Partes, el resto de los actores, gobierno estatal, ganaderos, cafetaleros, caciques y guardias blancas estuvieron a la expectativa durante todo 1994, bajo el temor de que el EZLN tuviera la fuerza política y/o militar para acosarlos o temerosos de que el Gobierno Federal pactara con los rebeldes una reestructuración del poder político en la entidad.

Cuando se hizo claro que no había ni uno ni otro riesgo, comenzaron, cada vez con mayor audacia, a ser un factor de peso en el escenario chiapaneco.

Después de ese primer encuentro, el Gobierno Federal nombra a Marco Antonio Bernal como Coordinador para el Diálogo. En San Miguel se pacta el escenario de los logros más importantes del diálogo: San Andrés Larráinzar o San Andrés Sacamch´en (o de los Pobres).

Dos nombres que designaban un mismo lugar. Dos nombres que revelan una diferencia más allá de las palabras, una diferencia que correspondía a las dos visiones que las Partes tienen sobre Chiapas.

Entre abril y octubre de 1995 las Partes celebran siete reuniones en San Andrés. El lugar se vuelve punto de referencia necesario para el diálogo. Se convierte, por así decirlo, en el asiento del diálogo.

En la víspera de la primera reunión, ya sobre la base de los acuerdos tomados en San Miguel, llegan al lugar seis mil simpatizantes zapatistas. Este hecho motivó la protesta de la representación gubernamental y la Secretaría de Gobernación, que consideraron el asunto como una provocación.

De esta forma el 20 de abril no pudo iniciarse la reunión tal y como estaba programada. Nuevamente, la Cocopa y la Conai ponen en acción sus buenos oficios y la mayoría de los indígenas se retira del lugar, los otros pasan a constituir uno de los “cinturones” que protegen el diálogo.

Finalmente, la primera reunión se inicia con dos días de retraso. En San Andrés se encuentran también dos lenguajes o, mejor todavía, varios lenguajes. El del EZLN es beligerante, desconfiado y provocador. A cada paso denuncia reales o supuestas actitudes gubernamentales que la prensa y sus simpatizantes recogen puntualmente. A pesar de ello, el EZLN dialoga y negocia. Una lección que sus seguidores no aprendieron.

El lenguaje del Gobierno Federal es inseguro, esquivo y siempre trata de investirse de un ropaje institucional que en los hechos no tiene. La delegación negocia sin saber dónde se dirige el barco y trata de retomar una iniciativa que en los hechos siempre tuvieron los zapatistas. A pesar de todo, ellos también negocian.

También están los otros lenguajes. Los legisladores de la Cocopa tratan a cada paso de hacer a un lado sus diferencias de concepciones partidarias y de sus intereses y afinidades personales para lograr primero consensos internos y luego servir de puente entre las Partes. Cuesta trabajo, pero lo logran.

Así el lenguaje de la Cocopa y la Conai se va construyendo a cada paso para constituirse en el intento de dos instancias por traducir al lenguaje de la paz los desafíos de cada Parte.

El 12 de mayo se da el segundo encuentro en San Andrés. La delegación gubernamental utiliza un lenguaje más diplomático. Los mecanismos se van tejiendo cuidadosamente, cualquier malentendido los rompe. Para muchos la lentitud del diálogo es exasperante. Medios de comunicación y analistas políticos, algunos de buena fe y otros por consigna atizan a una o a otra de las Partes culpándola de este hecho. La historia de México no registraba un hecho similar en que una tregua hubiera durado tanto, pero ellos querían que la paz se firmara en “quince minutos” y por decreto.

El EZLN insiste en que debe opinar sobre todos los problemas nacionales. En principio, la delegación gubernamental se resiste. Sólo se debe acordar la paz y, después, se podrá opinar de lo que se quiera. ¿Cómo se puede alcanzar la paz sin opinar de las causas que han llevado al estallamiento del conflicto?

Con esta base, la Cocopa vuelve a la carga. Propone impulsar una profunda reforma democrática del Estado que articulara la resolución del conflicto con la transición democrática que en el ámbito nacional se intentaba pactar.

El 7 de junio da inicio el tercer encuentro de San Andrés. El EZLN toma la iniciativa y convoca a una Consulta Nacional. En la mesa, las Partes entran en pugna por las posiciones. Los zapatistas tratan de lograr mejores condiciones sobre el terreno. El Gobierno Federal se resiste a perder la ventaja lograda el 9 de febrero.

En este contexto, se deportan sacerdotes y a finales de junio Esteban Moctezuma sale de la Secretaría de Gobernación. Resurge con fuerza la desconfianza y las acusaciones zapatistas contra las provocaciones.

Se dan el cuarto (julio 4) y el quinto (julio 24) encuentros de San Andrés. A principios de agosto es nombrado un obispo coadjutor de la diócesis de San Cristóbal: Raúl Vera López. Varios medios de comunicación señalan este hecho como el inicio del desplazamiento de Samuel Ruiz. Este pide confianza para el coadjutor.

La Cocopa hace un llamado a la sociedad para que valore la consulta zapatista como un esfuerzo de paz. La Comisión legislativa no se equivocaba: todo lo que aleje al grupo armado de las armas es un paso positivo.

A finales de agosto, un millón 200 mil mexicanos participan en la consulta. Pocos si se comparan con el total de los mexicanos; muchos, muchísimos si se comparan con las encuestas, foros y debates convocados por el Gobierno Federal y algunos partidos políticos.

Así, por ejemplo, la Consulta nacional sobre derechos y Participación Indígena realizada entre el Ejecutivo y el Legislativo algunos meses más tarde no logra recabar las opiniones ni de cinco mil personas.

Un elemento que reflejaba la actitud gubernamental en aquella época lo fue, sin duda, lo dicho por el Primer Mandatario en su primer informe de gobierno.

El Presidente Ernesto Zedillo ratificó que el camino del diálogo y la negociación, en el marco de la ley, era la forma por excelencia de resolver el conflicto en Chiapas.

En especial, Ernesto Zedillo hizo un reconocimiento al papel desempeñado por el Congreso de la Unión y, en especial, a la Cocopa que, de alguna manera era un proyecto de su administración perfeccionado por las fracciones parlamentarias representadas en las Cámaras.

El Presidente propuso que ambos Poderes elaboraran un proyecto de Ley de Derechos indígenas que reglamentara el Artículo 4º constitucional. Reconoce que la mayoría de los mexicanos simpatizan con las razones de la inconformidad, pero rechazan la violencia para alcanzar metas.

En este marco, la Cocopa se reúne el día de septiembre con el Presidente de la República y el Secretario de Gobernación para analizar el desarrollo del diálogo y proponer mecanismos para agilitarlo. En este sentido, se habla de incorporar al EZLN al proceso de reforma política, ya sea en forma directa o a través de un foro especial.

Posterior a la reunión, la Cocopa dio a conocer que Ernesto Zedillo ordenó a la Secretaria de Gobernación buscar los mecanismos adecuados para integrar al EZLN al proceso de diálogo nacional. También, indican, que le solicitaron al Presidente que en la elaboración de la Ley Indígena participara el EZLN.

Este es el ambiente, totalmente positivo en el que se da el sexto encuentro de San Andrés, el 5 de septiembre. La Cocopa comunica a los zapatistas de los resultados de la entrevista con el Presidente de la República. El EZLN se muestra interesado y abierto.

Sin embargo, el representante gubernamental, Marco Antonio Bernal, cuestiona el diálogo político con un grupo armado. Esto evidenciaba, más que un doble juego del gobierno, las diferencias de óptica en el grupo gubernamental negociador.

Diferencias de óptica que eran válidas, sin duda, pero que al carecer de otros niveles en los que se resolvieran, lejos de la mesa del diálogo, gravitaron y afectaron el proceso de pacificación. Este fue, sin duda, uno de los elementos que contribuyeron al fracaso de esta etapa del diálogo.

En contraposición, la Cocopa que mantenía diferentes posturas a su interior, logró llevar a cabo un método de trabajo que resolvía políticamente, a su interior, las diferencias y que lograba, al final salir a la luz pública con una posición consolidada. En este sentido, la Cocopa también hizo una demostración de una nueva forma de hacer política. Ejemplo que, por desgracia, no cuajó ni fue seguido por otras instancias y actores.